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sábado, 12 de marzo de 2016

NOCTALGIA (Parte I)

Estuve caminando de un lado a otro hasta que decidí tomar un lapicero y empezar a plasmar sobre esta hoja de papel todo esto que no me deja dormir desde hace varios días.

Ya son pasadas las doce, ya es media noche y tal como en días anteriores tuve que salir de la habitación con el lapicero en una mano y la hoja de papel en la otra,  ya que no concilio el sueño. He sentido una sensación extraña en mí que no puedo describir, es algo así como una angustia, como que algo urgente debo hacer. También siento como esas ganas de escribir no sé qué, y cómo jamás he escrito nada más que esas pequeñas notas de tareas pendientes, para que me realicen un trabajo o para un favor, o esos pequeños párrafos con estupideces de enamorado que casi nunca entregué. Jamás me animé  antes a tomar este lapicero y esta hoja de papel que jamás estuvieron en la mesa…

¿Qué debería escribir? Me lo repito una vez más, pero aunque van y vienen a mi mente un sinfín de recuerdos, llegan de igual manera sensaciones de tristezas y alegrías, y de enojos, rabias por cosas que he dejado de hacer.

Regreso a la habitación y regreso a mi ritual, comienzo a caminar de un lado a otro en cortos pasos ya que mi habitación es pequeña y entre la cama y la mesa no queda mucho espacio y la penumbra de la oscuridad no deja mucho para ver por donde ando. Caminar apesadumbrado no es fácil. Decidí en los últimos pasos cada vez más cortos y más lentos retomar esa hoja de papel y ese lapicero.


Apenas he logrado doblegar  las rodillas para sentarme y empezar a escribir pero las piernas comienzan a moverse de arriba abajo con un ritmo cada vez mayor, el nerviosismo parece apoderarse de mí. Una sensación opaca e inteligible que se apodera de mi mente no me deja en paz. Pulso el lapicero sobre la hoja de papel en un intento que por enésima vez queda en blanco…suspiro y pongo la vista en el techo de la habitación que logro ver con los ojos cerrados tratando de  adaptarme un poco más a la oscuridad pero mi mente comienza a girar en torno a mi vida confundiendo el presente con el pasado y mezclándolo con mis ideas a futuro. Abro los ojos para tomar mi postura inicial, tomo de nuevo el lapicero y me provoca lanzarlo lejos junto a la hoja de papel, intento levantarme y un sonido llama mi atención, un sonido que tiene principio y se pierde como en un espacio sin fin a mis espaldas. 

continúa...

Henry Martínez.-

lunes, 1 de febrero de 2016

ACUARELA

Llovía. Abrí mi paraguas morado. Estaba esperando el autobús. Pasaron los minutos, un hombre con camisa azul paseaba de lado a lado en su terraza, bastante lejos de mi. Lo seguí con la mirada, para luego concentrarme en la trayectoria de las gotas entre el cielo y el piso, en la mitad estaban los carros, los faros, mi paraguas y los charcos. Pasaron más minutos. La lluvia caía constante. Me acuclillé en el piso y sostuve el paraguas entre mis rodillas, saqué mi diario y comencé a escribir: Llovía, abrí mi paraguas rojo. Estoy esperando el autobús. Pasan los minutos, hay un hombre con camisa amarilla paseando de lado a lado en su terraza, una cuadra hacia el frente. El autobús llego retrasado, sus luces parpadeaban, yo estaba mojada. El motor me adormece, veo la trayectoria de las gotas de un extremo a otro en la ventana, cuento los puntos de luz. Me quedo dormida y sueño: llueve, y abro mi paraguas rosado. Estoy esperando un autobús. Pasa un tiempo, un hombre con la camisa verde pasea de un lado a otro en una terraza en un edificio alto y gris, lo veo muy lejos. Me acuclillo en el piso, hay ramas pequeñas y verdes asomándose en los charcos cerca de mí. Sostengo mi paraguas en mi rodilla y saco un espejo, pero no puedo verme el rostro. Hay gotas de agua en mis ojos, no puedo abrirlos bien; el agua se siente fría y me despierta. Sigue lloviendo, estoy esperando el autobús.

Autora: Delia Salazar
Blog: ceraycarbon.blogspot.com