Blog dedicado al intercambios de pensamientos, las palabras y la escritura, conectando la poesía, el cuento y las historias que todos debemos plasmar sobre papel...
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domingo, 22 de julio de 2018
ODIO EL AMOR
Odio el amor por que me hizo amarte
y al amarte he podido entrar
en lo mas intimo de mi ser.
y he conocido lo débil que soy ante ti
Odio el amor por que me preocupo por ti
y olvido cuidarme para cuidarte
Odio este amor que me hace delirar
y al dar vueltas a tu alrededor, tambaleo
Odio este amor que me guía
sólo en la dirección de tus pasos
Odio el amar, cuando me hace escuchar
los latidos de tu corazón que se agitan de miedo
Odio llegar tarde para rescatarte
porque estuve amándote
Odio amar tanto por que el lamento
me hace llorar
y mis ojos no pueden verte
y sufro
Odio seguir amándote
en medio de mi odio
porque no se si te odio
más de lo que te amo
Quizás el amor y el odio
sean la misma cosa
una pasión que nos hace
sonreír y rabiar
Así que si te amo
o te odio
siempre esteré contigo.
Siempre te amaré
... o te odiaré
Henry Martínez.-
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lunes, 28 de mayo de 2018
VOCES (5ta. y última)
La verdad cierne a mí como un rayo en las tormentas de invierno, como los rayos del Monte Olimpo o como las del Catatumbo. Debo dejar de preocuparme, debo dejar de escuchar y pensar en situaciones que aunque me debe de concernir no debe ser tema de angustias. Las angustias y preocupaciones me llevan a la ansiedad que se refleja en mi estómago y hace parecer como si necesitara comer a pesar de que haya comido pocos momentos antes.
Pensar en esto me ha calmado, ya no siento estos alti-bajos en la boca del estómago y mi mente y mis pensamientos han tomado otro rumbo dentro de mi existencia. Comer es una necesidad pero el hambre es un estado de conciencia que se puede dominar , o en caso contrario el hambre dominará el cuerpo y la mente. Entiendo ahora como he sido dominado, o no se decir si hipnotizado por provocadores de oficio.
La vida vuelve a mis pasos en la toma de decisiones para forjar mi destino y ahora más que nunca estoy en la capacidad de oír sólo lo que me fortalece sin menos preciar a los menos afortunado que yo. Mi espíritu se enaltece al ver como he podido resolver mi problema que iba camino a convertir en una enfermedad, y que posterior a eso desembocaría en gastos que afectaría más mi salud al ver de cómo mis recursos diezman y de cómo mis familiares y amigos también sucumben tras de mí por tantas preocupaciones innecesarias.
El mar retrocede siempre a sus lineas después de intentar destronas a las orillas que le rodean. Así mismo estoy haciendo retroceder desde mi sitio todo lo que hasta este momento me ha estado afectando.
Fin...
Henry Matínez.-
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sábado, 19 de mayo de 2018
VOCES (4ta parte)
Luego de una jornada de trabajo, y sin dejar de sentir esa hambre que ha acompañado en los últimos meses, voy camino a mi apartamento pensando que podría ingeniarme para comer algo antes de la cena. Pensando también en meterme dentro de las paredes del baño para intentar de dejar mi subconsciente, dejar de escuchar esas voces que atormentan mi estomago.
Al bajar del autobús apretujado de voces altas y baja, de voces detrás y delante de mí, camino apresurado a alcanzar la puerta de entrada al edificio intentando dejando atrás las voces que me persiguen desde hace unos meses en cada mañana que me levanto.
Subiendo las escalinatas miro hacia atrás y no veo a nadie subir pero escucho voces, ya no puedo distinguir entre lo que es una voz real y la de mi cabeza. Intento no ponerle mucha atención para seguir adelante, pero lo claro e irresistible de esas voces me ponen atento. Entro al apartamento y enciendo la tele, y las noticias son sobre el hambre de la gente en mi país pero no dicen nada sobre el hambre del mundo que es mayor, y pasan imágenes de algún sector como refiriéndose a lo mismo en cada rincón. Pero lo que más me intriga es que el proceso del hambre es en mi mismo un producto de escuchar esa palabra a cada instante y aunque teniendo comida disponible en mi nevera y en mi alacena pienso en eso como un problema que nos afecta a cada uno por igual.
Al punto descubierto, tengo que darle una solución para poder salir de ésta antes que me produzca un enfermedad y llegar a padecer de gula...
Continuará...
Henry Martínez.-
Al bajar del autobús apretujado de voces altas y baja, de voces detrás y delante de mí, camino apresurado a alcanzar la puerta de entrada al edificio intentando dejando atrás las voces que me persiguen desde hace unos meses en cada mañana que me levanto.
Subiendo las escalinatas miro hacia atrás y no veo a nadie subir pero escucho voces, ya no puedo distinguir entre lo que es una voz real y la de mi cabeza. Intento no ponerle mucha atención para seguir adelante, pero lo claro e irresistible de esas voces me ponen atento. Entro al apartamento y enciendo la tele, y las noticias son sobre el hambre de la gente en mi país pero no dicen nada sobre el hambre del mundo que es mayor, y pasan imágenes de algún sector como refiriéndose a lo mismo en cada rincón. Pero lo que más me intriga es que el proceso del hambre es en mi mismo un producto de escuchar esa palabra a cada instante y aunque teniendo comida disponible en mi nevera y en mi alacena pienso en eso como un problema que nos afecta a cada uno por igual.
Al punto descubierto, tengo que darle una solución para poder salir de ésta antes que me produzca un enfermedad y llegar a padecer de gula...
Continuará...
Henry Martínez.-
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viernes, 9 de junio de 2017
VOCES (3ra. Parte)
Al llegar a la oficina, veo que entre una taza de café o un café con leche, unos y otros conversan mientras se hace la hora de comenzar la jornada de trabajo. los murmullos se hacen escuchar mientras continúo mis pasos hacia mi escritorio no sin antes saludar a cada uno de los compañeros de trabajo.
Coloco mis cosas sobre el escritorio y miro el reloj y pienso que todavía falta unos viente minutos para comenzar a trabajar y me propongo a desayunar en ese tiempo. Desenvuelvo mi sándwich y saco el termito con un poco de café con leche y al mismo tiempo me acerco a las tertulias que se conformo con los que desayunamos a esa hora y con los que vienen llegando a la oficina.
La conversación se torna cada vez que se incorpora un compañero de trabajo en una rutina discursiva de los que consiguió cada uno en su faena por tratar de comprar lo que nos dicen que no hay, o de lo que se inventó para cocinar sustituyendo un producto de los que insistentemente nos dicen que debemos tener en la mesa por otro de verdadero sabor natural.
La conversación transcurre entre los turnos para tomar la palabra, aunque siempre hay quien interrumpe o realiza una charla paralela con quien tiene a su derecha o izquierda. Pero la verdad es que todos sin excepción hablan sobre el tema de la comida de una u otra manera... pero mientras yo los escuchaba y terminaba mi almuerzo, noto que no logro satisfacer mi hambre.
Esas voces entronaban en mi cabeza haciendo explosión en mi estomago. Voces que solo parecía que reavivaban mis ansias sobre un hambre psicológica que nos hace ver que no hay nada que comer aun teniendo un banquete al frente, pero que por sugestión de los demás nos dejamos llevar en sus delirios y lo hacemos nuestro. Y así, al llegar la hora de salida al final de la jornada de trabajo salgo pensando que voy a comer al pasar por la puerta de mi casa.
Continuará...
Henry Martínez.-
La conversación transcurre entre los turnos para tomar la palabra, aunque siempre hay quien interrumpe o realiza una charla paralela con quien tiene a su derecha o izquierda. Pero la verdad es que todos sin excepción hablan sobre el tema de la comida de una u otra manera... pero mientras yo los escuchaba y terminaba mi almuerzo, noto que no logro satisfacer mi hambre.
Esas voces entronaban en mi cabeza haciendo explosión en mi estomago. Voces que solo parecía que reavivaban mis ansias sobre un hambre psicológica que nos hace ver que no hay nada que comer aun teniendo un banquete al frente, pero que por sugestión de los demás nos dejamos llevar en sus delirios y lo hacemos nuestro. Y así, al llegar la hora de salida al final de la jornada de trabajo salgo pensando que voy a comer al pasar por la puerta de mi casa.
Continuará...
Henry Martínez.-
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jueves, 26 de enero de 2017
VOCES (2da. Parte)
Luego de revisar la nevera y un par de ollas en la cocina, me senté a comer algunas cosas que logré recolectar entre arroz, pan, pollo y salsas... solo para calmar el hambre que me sacó de la cama. media hora después, me estaba cepillando los dientes para ir de nuevo a recostarme e intentar dormir esta vez sin pesadilla ya que tenía que levantarme como a las seis y algo de la mañana para trabajar.
El despertador sonó con un ruido que me pareció espantoso, pues recordé la pesadilla que había tenido. Me levanto un poco exaltado, pero reacciono con calma al mirar la luz del sol iluminar la habitación. Me incorporo con premura para realizar mi jornada diaria antes de salir de la casa para trabajar a media hora de donde vivo. Jornada que se ha convertido en una especie doctrina ligado con un ballet mal practicado, ya que voy dando tumbos por toda la casa mientras intento vestirme, arreglar y desayunar casi todo al mismo tiempo.
Mientras hago todo esto, escucho las noticias de la radio... entre las informaciones política, de sucesos y de espectáculos, también están las que nos dicen de gente pasando hambre.
Salgo ya listo a la calle a tomar el transporte público, donde nos conseguimos todos los que buscamos llegar al trabajo. Entre conocidos y desconocidos vamos en la misma tónica. A los que van conversando, logro escuchar a varios hablar sobre comida, y aunque voy de pie, mirando a la calle por la ventanilla y pensando en mis asuntos no puedo dejar de escuchar las charlas que de vez en cuanto se sube de tono entre el ruido del motor del colectivo.
Henry Martínez.-
Mientras hago todo esto, escucho las noticias de la radio... entre las informaciones política, de sucesos y de espectáculos, también están las que nos dicen de gente pasando hambre.
Salgo ya listo a la calle a tomar el transporte público, donde nos conseguimos todos los que buscamos llegar al trabajo. Entre conocidos y desconocidos vamos en la misma tónica. A los que van conversando, logro escuchar a varios hablar sobre comida, y aunque voy de pie, mirando a la calle por la ventanilla y pensando en mis asuntos no puedo dejar de escuchar las charlas que de vez en cuanto se sube de tono entre el ruido del motor del colectivo.
Henry Martínez.-
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viernes, 4 de noviembre de 2016
VOCES
Mientras algo me perseguía
en medio de la noche y por un callejón desolado y poco alumbrado, no dejaba de
jadear con rapidez. Un miedo se apoderaba de mí y sentía que corría sobre mi
estómago mientras miraba hacia atrás y no lograba divisar a nadie en medio de
la penumbra pero aun así mi miedo no me abandonaba. Intenté fijar el camino a
seguir para no perderme. Mi corazón latía con más fuerza, mi mente me instaba a
seguir y al mismo tiempo me decía que “eso” que me perseguía estaba cada vez
más cerca de mí sin importar cuanto corriera. Tanto era la jugada que mi mente influía en la huida, que su respiración la presentía muy cerca. Intentaba no mirar atrás
para no paralizarme de terror y ser presa fácil de lo que me perseguía. En un impulso
de seguir corriendo me detuve de golpe al ver frente a mí un precipicio en
medio del camino, casi caigo en él, pero logré dar un paso hacia atrás. Un silencio
se apoderó del lugar, la brisa se detuvo, el polvo se paseaba ante mis ojos en
cámara lenta, todo parecía como un tiempo gelatinado en una bola de cristal. Me doy cuenta que respiro y que mi corazón aun latía velozmente al ritmo
de mi miedo, y otra cosa más también oía, eran los pasos agigantados y pesados
de lo que me perseguía en esto que se había hecho una eternidad. Sólo pude
atinar a encogerme de hombros para esperar el fuerte golpe de mi perseguidor y
respirar por última vez en este mundo. Ya estaba lo bastante cerca de mí, y un
rugido ensordecedor terminó por quebrar lo que me quedaba de valentía para seguir
con vida.
Un sobresalto sentí y al
abrir los ojos el estómago me dolía, mi primer pensamiento era que estaba
herido debido a un mordisco o un arañazo hecho por las manos de uñas puntiaguda
del monstruo que me perseguía y que definitivamente era este mi fin, solo me
quedaba poner mis manos en la herida y
esperar la muerta mientras me retorcía de dolor.
Levanté una de mis manos
para ver qué cantidad de sangre emanaba de mi barriga y mi asombro me
estremeció de alivio al ver que no tenía nada, mis manos estaban limpias de
sangre, traté de reponerme, de abrir bien los ojos, ya que sentía que estaba en
otra parte. En efecto, estaba en mi cama pero mi corazón aun bombeaba sangre
apresuradamente y mi respiración no se quedaba atrás. Inhalé profundamente para
calmarme un poco. Todavía me dolía el estómago pero no era de susto sino del
hambre que se apoderó de mi mente, y éste de mis sueños que se convirtió en mi pesadilla, y ésta última de mi
miedo. Todo un correlativo sugestivo que me hizo levantar a las tres de la madrugada
a comer algo...
Continuará...
Henry Martínez.-
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sábado, 22 de octubre de 2016
NADA MÁS (Cuarta Parte)
Sale de la cocina subiendo
su franela de tela delgada de algodón, la saca por su cabeza un poco despeinada
pero esta vez no de violencia. La deja deslizar por sus delgados brazos y la
deja caer en el suelo de la cocina ya cerca de la puerta. Camina unos pasos más
y se desabrocha el short para dejarlos caer también, pero estos se quedan a
mitad del pasillo mientras sigue rumbo al baño.
Desliza la cortina para
poder alcanzar la llave del agua caliente de la regadera, en espera del tiempo
en que sale el agua ella termina de quitarse la ropa interior, primero el
brasier y luego el blúmer. No levanta la mirada y esquiva de nuevo el espejo,
se mete a la ducha y apoyando ambas manos en la pared mientras deja caer el
agua aun entibiándose sobre su cabeza.
Quería sentirse libre, pero
aun estando desnuda no consigue desnudar su alma que sigue presa en los recuerdos
de su pasado tormentoso, siguiendo los pasos de ejemplos matriarcales nada
razonables, y que nunca se les hizo racional.
Deja que caiga directamente
el agua en su rostro esperando relajar las expresiones que marcan su cara y que
reflejan los rastros de tristezas y penas que embargan su existencia.
Se voltea para así sentir correr
ese preciado líquido por su espalda, también siente el frescor que alivia
ciertos dolores ocasionados por las situaciones vividas y que dejaron sus
huellas marcas de manera imborrable, no sólo en el cuerpo sino que pasó a
formar parte de su ya debilitada estima.
Cada vez que pasa sus manos
por esos estigmas, que aparecen cada vez que vuelve a caer en las manos y en
las palabras cuando aparece la sombra del pasado, se recuerda a sí misma que no
volverá a pasar. Decidida a que eso sea así toma la toalla y seca con cuidado
su cuerpo para empezar a fortalecer las ganas de vivir. No más momentos de
peligros en su vida, no más respiros apresurados al ver la hora y que las cosas
no estén donde deben estar con la comida lista y caliente en la mesa a esperar
con una falsa sonrisa, la aprobación de que todo está bien y respirar aliviada
porque puede ser que esa noche duerma un poco más tranquila.
Sale del baño para dirigirse
a la habitación a vestirse con la idea de cambiar todo de su lugar, a colocar
cada objeto que adorna su casa a su gusto, a sentirse libre de elegir por
primera vez, a comenzar a amar verdaderamente su vida por sobre todo, a
respetarse y hacerse respetar, a amar libremente cada cosa que quiera y desee
sin la necesidad de aprobación más que la de ella misma.
No quiera nada más que
sentirse libre por primera vez, fuera del sometimiento familiar, fuera de la
mirada inquisidora de la pareja. Quiere decidir por sí misma, tener vida propia.
Ya es la habitación comienza a vestirse con ropa elegida al azar con la
intención de concluir esta etapa de su
vida…
Continua...
Henry Martínez.-
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sábado, 8 de octubre de 2016
NADA MÁS (Tercera Parte)
La cocina está solo a unos
pasos al salir del baño, camina y al entrar apoya una de sus manos en el
mostrador suavemente, mira alrededor para ver que puede cocinar sin que se le
estime mucho tiempo… ni mucho esfuerzo. Procura ideal una comida sana y rápida
pero sobre todo que le alivié las penas de la vida.
Su agotado sentido la invita
a tomarse un té de lo que sea, le gustaría tener una compañía a su lado para
compartirlo y conversar amenamente pero a estas alturas la soledad le conviene
más para mirarla frente a frente sin temor.
El en primer sorbo de té, aun algo
caliente le sabe a gloria, siente como el líquido llega a su estómago y
calma de a poco sus ansias convertidas en estrés. Posa con calma la tasa en el
mostrador para pensar cómo será su vida de ahora en adelante y a qué, aparte de
a ella misma, deberá enfrentarse para salir del abismo en que fue llevada su
existencia con la aprobación pasiva de su crianza, la aceptación inclinada hacia
el amor y la conformidad producida por
el miedo infundido.
Aún sigue sin comer, con el
segundo sorbo de té consigue calmar más el nerviosismo involuntario pero no así
la solución a sus problemas que no sabe si terminaron o acaban de empezar.
Deja la taza a un lado
parcialmente lleno, y coloca los pies descalzo en el piso frío, intenta no
llorar pues decidió ser fuerte ante la adversidad. Camina hacia la ventana para
que la luz del sol la llene de energías. Ya frente al ventanal, siente el calor
traspasar el vidrio que evita que entre el ruido y recuerda que ese mismo
vidrio… también evita que salga. Reposa su mejilla izquierda sobre sobre el
vidrio de la ventana y siente como se le engatilla el estómago, suspira profundamente para dejar salir el
llanto el silencio, sin lágrimas, sin dolor.
Intenta despejar el panorama
mental, alza el rostro al mismo tiempo que cierra los ojos y la luz del sol le
llena de claridad su tez facial, siente una paz interna que la revitaliza. Ya
no quiere recordar más, definitivamente no recordará más, pero eso para ella no
debe significar olvidar.
Continuará...
Henry Martínez.-
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jueves, 29 de septiembre de 2016
NADA MAS (Segunda parte)
De regreso a la cocina pasa
por el baño del pasillo para lavarse la cara un poco. Frente al lavamanos posa
su espíritu esperando a ver si ya se puede incorporar a su cuerpo, abre el
grifo para escuchar caer el agua dentro
del recipiente de cerámica y sentir un poco de libertad. Aun no se puede
reponer de algunas formas de lucha que revolotean en su cabeza y que no se
disipan fácilmente como ella lo desea. Sabe que tiene al frente un espejo pero
no levanta la mirada para verse y
encontrarse con ella misma porque seguro recibirá un fuerte reclamo desde el espejo que la desanimará más de lo que ya está.
Mientras siente el frescor
del agua mojar su rostro, piensa en lo agradable que es abrigar una caricia, dulce,
suave, tierna y llena de amor.
En los tiempos en que las
mariposas aun volaban en su mente ella intenta recrear en lo que creía, en esos
momentos que la felicidad era el fin último. Vivir la aventura de encontrar el
amor, la vida idealizada desde los tiempos remotos y que ha transcendido hasta
nuestros días en la mente de muchos de nosotros. Que la felicidad sea nuestra
gloria eterna… eso nos lo han inculcado como norma infinita sin instrucciones
previas.
Seca el rostro con cuidado
de no lastimarse más de lo que ya se encuentra, la dura batalla ha dejado el
pasto seco en el campo donde la beligerancia cobró las victimas que se
enfilaban a la esperanza de vivir en el paraíso de su espíritu. En ese mundo
ideado sólo para uno mismo sin permiso de los demás. Viajar a ese mundo es
viajar con zapatos de plomo, es un viaje tan pesado que muchos desisten y se
quedan en cualquier mundo que se consiguen en el camino embarcándose hacia un
destino incierto donde el único perjudicado sería su alma.
Ella vuelve en sí después de
este viaje mental. Seca sus ojos pero no del agua con que se roció en el
rostro, si no de unas lágrimas que se confundieron en sus mejillas húmedas.
Intenta reponerse de una vez
por todas pero su espíritu aún no se incorpora. Sale del baño con intenciones
de ir a la cocina pero teniendo que arrastras su peso para llegar hasta allá.
Continuará...
Henry Martínez.-
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viernes, 29 de julio de 2016
REFLEXIÓN ANTE LA MUERTE DE UN SER
Cuando alguien querido
(familiar o amigo) se muere -indiferentemente
cual haya sino la causa- lloramos desconsoladamente en la mayoría de los casos.
Nos recordamos y/o escuchamos casi
siempre de sus últimos momentos en vida; que si lo vi ayer en la tarde y me
dijo tal cosa; que si pasó por aquí temprano y me saludó con mucho cariño, es
que creo que vino a despedirse, y más cosas similares. Pero ¿Qué es lo que
lloramos cuando él o ella ya no están físicamente?
En muchos casos vemos a los
hombres y a muy pocas mujeres (sin intención de discriminar) mantenerse
erguidos ante la muerte de ese ser querido. Lo hacen en la mayoría de los casos
para que nos los vean llorar, para que vean lo fuerte que son aunque por dentro
se estén destrozados. Pero, seguro no lloran porque han entendido que un hombre
o una mujer de carne y hueso, no es exactamente lo que uno conoce de ellos. Esas
figuras materiales la reconocemos, que es distinto. Es para nosotros un
referente.
Seguro no lloran por que hayan
entendido que uno se enamora de la esencia, del ser y lo calificamos como
virtud o calidad de gente. Así, como cuando uno cree en un Dios, en una
divinidad, no nos importa la forma física, se cree en él sin verlo. Empiezas a
conocerlo por las cosas que nos dicen que ha hecho o que ha dicho, que son
atribuidas a ese Dios, y hacen que uno se identifique con esos hechos. Comenzamos
a quererlo sin saber cómo es, y eso no nos importa. Damos nuestra fe en pensar
que algún día estaremos frente a él, en ser su aliado en las cosas que habrá
que hacer, lo imitamos tanto en sus acciones cómo en sus palabras. Intentamos
seguir sus pasos para que nos acepte en su reino “aunque sea como el último de
su siervo”.
Y si pensamos en lo mucho que
creemos en un ser supremo ¿Por qué lloramos? Muchos creemos que hay o existe
una fuerza que nos mueve a todos, otros, también significantes en números no
creen en nada, solo en lo que ven. Lloramos cuando una persona allegada fallece
y deja en nosotros un hondo pesar que lamentamos por un tiempo perentorio
mientras nos acostumbramos a la ausencia de ese ser querido porque nuestras
vidas continúan. ¿Será que no hemos aprendido en tantos millones de años de
evolución a entender que no somos lo que se entierre en una fosa, o se incinera
en un crematorio, o lo que sea que se haga con el cuerpo según su religión,
costumbre o gusto? Repito la pregunta anterior ¿Qué es lo que lloramos o a
quién lloramos?
Nos dicen que somos hecho a imagen y semejanza de un Dios (cualquiera sea su existencia cultural) pero
no entendemos que sí somos su imagen y semejanza, entonces somos luz, energía,
que somos una esencia o un ente, que lo físico no nos identifica pues la carne
y la piel envejecen pero seguimos siendo los mismos, con más experiencia y más
aprendizajes.
A pesar de saber todo esto,
seguimos aferrados a lo material. Seguimos llorando la ausencia física de la
persona, y no nos damos cuenta que esas famosas y repetitivas frases de “te recordaré siempre en mi mente y en mi
corazón” o “mientras yo viva, vivirás
en mi” son precisamente porque lo que sentimos de una persona amada es lo
que nos atrae de su ser.
Aunque sé que son dolorosos
esos momentos, más por lo que sentimos que por lo pensamos, debemos recordar
que somos imagen y semejanzas al Dios que creemos. Pero como nos infunden la
vida sólo de lo material como posesión preciada, incluyendo al hombre y a la
mujer en términos de propiedad. Así mismo lo hacemos con el Dios, que lo
asemejamos a nosotros y le damos la imagen según nuestra cultura y raza.
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viernes, 15 de julio de 2016
EN LA BÚSQUEDA (Parte casi Final)
Desaparece
la ciudad ante una nube de espesa niebla. Abajo aunque no puedo verla, la
ciudad se siente en calma como si uno estuviese en el cielo y fingiera ser el
Dios del Olimpo. De nuevo una suave brisa helada hace correr con armonía a la
neblina que pasea en mi balcón y logro
ver otra vez la ciudad, logro ver esta calle clarioscura que me infunde tanto
miedo.
Comienzo
a buscar entre las luces caídas a los pies de los postes y observo que los
tacones de los zapatos rojos de la mujer de caminar revelador están juntos a la
extraña figura. Pensé que seguro estaba en peligro, que la atracaban en ese
momento y por eso estaba detenida junto a él, que podría matarla y nadie lo
detendría. La mujer echa unos pasos hacia atrás y regresa a él como si la
hubiese halado por los brazos. Pero ella no emite ningún ruido, ¿por qué no
grita? Alguien puede ir en su auxilio. Yo tendría un motivo para bajar en su
auxilio aunque el miedo me pida que me quede.
La poca
luz no deja ver más que sus zapatos, mi desespero aumenta al pensar que se
cometerá un crimen antes mis ojos ¡Dios porqué me habré asomado a este balcón
en la noche de hoy! Si sé que mis temores me abrigarían en un clima como este.
Mientras
pensaba todo eso estaba abriendo la puerta de mi apartamento, no sé qué momento
llegué allí. Un impulso me guiaba por las escaleras hacia abajo, ni tiempo a pensar que podía tomar el ascensor para llegar a planta baja. Mis pies casi
rozaban las esquinas de los escalones que tenían un orillo de aluminio
plateado. Mis dedos pasaban firme pero suavemente entre los barrotes del
pasamano, un intento de sujetarme para frenar mi andar me quisquillaba en la
mano pero seguía bajando sin detener el ritmo.
Mi
corazón latía con más fuerza, me quería sentir un superhéroe para darme ánimo
pero faltando poco para salir a la recepción ya no me sentía tan héroe y menos súper. Pasé por la puerta de emergencia
con ímpetu de valentía y camino a pasos agigantados hacía la puerta principal.
Un vistazo de reojo me indica que el joven de la recepción ni se inmuta al
verme pasar, ya debe de estar acostumbrado a ver pasar a gente con tanta prisa.
Continúa...
Henry Martínez.-
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viernes, 8 de julio de 2016
EN LA BÚSQUEDA (Parte IV)
Ese
peligro que siempre nos acompaña desde que nacemos y que nunca dejamos de
tenerle miedo. Jamás aprendemos a convivir con él, jamás sabemos cuándo se nos
pone de frente, nos reta y juega con nuestras habilidades sin previo aviso.
Quizás
por eso nos hartamos de él, quizás por eso la mujer de caminar revelador va
directo a la sombra que veo desde mi balcón, va directo hacia los pies que sólo
la luz ilumina sin atreverse a subir para descubrir su rostro. Intento voltear por un momento hacia otro lado pero mi mente aún continúa siguiendo los pasos de la mujer que
camina como dice la canción "Perla Negra" de Yordano "... de
pinto a miseria, sin mirar atrás"
Intenté
entrar al apartamento con la excusa del frío de la noche, caminé hacía la
nevera para tomar un vaso con agua pero enseguida volví al balcón como de
manera automática aunque mi pensar era ir a la cama. Y en vez de eso apuré el
paso para ver si podía llegar antes que la mujer se topara con no sé quién, que
se ocultaba a la media sombra que dan los postes, impávido, inmutable. El
trago de agua pasa lentamente por mi garganta. Parecía espeso, pero es por el
suspenso al irme acercando a las rejas del balcón.
Al estar
cerca de la reja que soporta mi peso al inclinarme, mi deseo era no ver a nadie
abajo, deseaba que la mujer ya hubiese pasado o que los pies de zapatos negros estridentemente
pulidos no estuvieran iluminados por esa luz fría del poste.
Me
inclino hacia la calle con la esperanza de no ver a nadie, tanto porque mi
mente juega con las supuestas intenciones entre las otras personas de manera
especulativa, tanto como ese deseo de todo ser humano de saber qué pasó y con lo
que posiblemente no tendría una respuesta fiable. En este caso, el de la mujer
que se acerca a esa imagen que para mí era espectral.
Miro, y
calle abajo no se ve nada. Volteo calle arriba y tampoco veo nada, y a lo lejos se asoma la bruma entre hollín y niebla que da un aspecto gris oscuro que sube y
se acerca haciendo casi imposible la visibilidad.
La calle
se desaparecía levemente ante mis ojos al punto de que la neblina estaba a la
altura del mi balcón invitándome a caminar sobre ella.
Continuará...
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viernes, 24 de junio de 2016
EN LA BÚSQUEDA (Parte III)
Me sorprendí a mi mismo mirando al vacío desde el balcón, y en medio de ese recuerdo de mi infancia volví a sentir la brisa que congelaba toda la ciudad haciendo de la soledad en las calles un lugar nada agradable. La calzada del edificio se tiñe de grises, color tristeza y miedo.
Miro nuevamente a los sitios donde las luces de los faroles me dejan divisar. Con asombro, dos postes mas allá de donde estaba esa figura oscura me parece ver algo parecido, unos zapatos se asoman entre la opaca luz que no deja ver mas. Una mujer pasa dejando ver su cuerpo de forma intermitente entre los espacios iluminados y que se pierde su andar en la oscuridad. Cada vez mas cerca, no tengo la manera de avisarle que alguien está en su camino. Pienso en bajar pero de igual forma no llegaría a tiempo a lo que supongo que ella va directo al peligro. Pero continúa...y luego pienso que puede ser la persona que está esperando.
Continuará...
Henry Martínez.-
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viernes, 17 de junio de 2016
EN LA BÚSQUEDA (Parte II)
Seguí observando para descubrir a esa persona que con misterio
intenta mantenerse en el anonimato. Nadie se le acerca, pareciera que no lo
miran, se mantiene oculto como esperando a alguien pero nadie llega. En medio
de mi antojosa curiosidad miro hacia mi derecha por un instante para observar
si alguien venía por ese sendero y buscando agudizo mi visión no observo
nada, solo el pasar de la helada brisa que baila junto a la neblina queriendo apagar
los faroles cuales velas que alumbran la habitación de un niño temeroso. A pesar de imaginarme esa figura espectral, mantengo mi mente en esa silueta que todavía
no logro descubrir su fisionomía.
Al voltear de nuevo mi mirada no consigo a nadie y surgen preguntas en mi cabeza…. ¿Se habrá marchado con la persona esperada? ¿Se
habrá cansado de esperar y se fue? ¿Se habrá literalmente esfumado…? Aunque me
interesaba no le di tampoco mayor importancia pues en medio de que comenzaba la
noche, los escalofríos y las malas vibras estaban dándome mal presagio.
Este clima me hizo recordar que cuando niño me animaba a pensar en cosas divertidas que me habían
sucedido durante el día o en días anteriores para no temer acostarme solo en la
habitación, porque mis hermanos mayores con quienes la compartía se
acostaban más tarde, pues ellos se quedaban viendo películas en la televisión con sus imágenes en
blanco y negro y sus tonalidades en variantes grises. Y algunas veces eran esas
películas de terror con sus efectos especiales de la época de los años 50´ y
60´ pero que en medio de mi infancia, el miedo infundado y la inocencia de
creer todo lo que te dicen, me causaban un pavor horrible esas repetitivas películas.
La luz del bombillo de 45 voltios que se emitía desde la sala se colaba entre la cortina que hacía
de puerta en la habitación, cosa que era peor que cuando se iba la luz del barrio
y todo quedaba en penumbra.
Cerraba los ojos al mismo tiempo que me arropaba con la sábana, pero instintivamente se habrían poco a poco y comenzaba mi periplo por cada espacio de la habitación. Veía en la pared sombra con figuras tétricas que se movían parecidas a Frankenstein queriendo acercarse a la cama, un cuadro con un dibujo comenzaba a aparecerse a Drácula saliendo del mismo recorriendo el cuadro de punta a punta. Los ruidos que debajo de la cama se escuchaban, era de la mano pelúa que se paseando sonando sus dedos de un lado a otro con desespero esperando el momento oportuno para salir en lo que me durmiera. Un tic-tac desde la sala se escuchaba con insistencia para agonizar mas mi desespero. De pronto escuchaba un RAAAZ! y me tapaba la cara sin dejar de mirar a través de la sábana esperando la mano de una bruja, de las que se comentaba salían en la noche cuando todos estábamos durmiendo y se posaban en el techo y sus pisadas nos despertaban con un brinco seco.
Al final descubría que el sonido era el de la cortina que rozaba con el tubo que la sostenía con un clavo en cada punta pegado a la pared, y mis hermanos entrando a la habitación riendo. Al ver que aun estaba despierto me decían..."tas asustao, tienes miedo y eso que todavía falta el aullido del hombre lobo por que hoy es luna llena" yo pensaba que mi vida se acababa esa noche y mi mamá no estaba para salvarme...
Continuará...
Henry Martínez.-
Cerraba los ojos al mismo tiempo que me arropaba con la sábana, pero instintivamente se habrían poco a poco y comenzaba mi periplo por cada espacio de la habitación. Veía en la pared sombra con figuras tétricas que se movían parecidas a Frankenstein queriendo acercarse a la cama, un cuadro con un dibujo comenzaba a aparecerse a Drácula saliendo del mismo recorriendo el cuadro de punta a punta. Los ruidos que debajo de la cama se escuchaban, era de la mano pelúa que se paseando sonando sus dedos de un lado a otro con desespero esperando el momento oportuno para salir en lo que me durmiera. Un tic-tac desde la sala se escuchaba con insistencia para agonizar mas mi desespero. De pronto escuchaba un RAAAZ! y me tapaba la cara sin dejar de mirar a través de la sábana esperando la mano de una bruja, de las que se comentaba salían en la noche cuando todos estábamos durmiendo y se posaban en el techo y sus pisadas nos despertaban con un brinco seco.
Al final descubría que el sonido era el de la cortina que rozaba con el tubo que la sostenía con un clavo en cada punta pegado a la pared, y mis hermanos entrando a la habitación riendo. Al ver que aun estaba despierto me decían..."tas asustao, tienes miedo y eso que todavía falta el aullido del hombre lobo por que hoy es luna llena" yo pensaba que mi vida se acababa esa noche y mi mamá no estaba para salvarme...
Continuará...
Henry Martínez.-
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sábado, 4 de junio de 2016
EL CANTO DE LA NOCHE
Es de noche: a esta hora hablan mas fuertes todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial.
Es de noche: sólo a esta hora despiertan las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de los amantes.
Hay en mí algo insatisfecho, algo insaciable, que quiere hablar. Hay en mí un ansia de amor, que habla así mismo el lenguaje de amor.
Luz soy: ¡hay si fuera noche! Mas ésa es mi soledad, estar circundado de luz.
¡Ay, si fuera yo noche y oscuridad! ¡Como iba a sorber de los pechos de la luz!
¡Aun a vosotras os bendeciría, pequeñas estrellas centelleantes, luciérnagas del cielo! Vuestros regalos de luz me darían la dicha.
Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí las llamas que de mi brotan.
Desconozco la felicidad de quien recibe: con frecuencia he soñado que el robar debe ser mas deleitoso que el aceptar.
En eso está mi pobreza: mi mano nunca descansa de dar. Esta es mi envidia: ver ojos que aguardan con avidez y noches en vela de anhelo.
¡Malaventurados los que dais! ¡Oh, eclipses de mi sol! ¡Oh, anhelo de anhelar! ¡Oh, hambre devoradora dentro de mi hartura!
Ellos toman de mí. Pero ¿toco yo siquiera su alma? Entre el dar y aceptar media un abismo: el abismo mas pequeño es el mas difícil de salvar.
De mi belleza brota un hambre: yo quisiera dañar a aquellos a quienes ilumino, y robar a aquellos a quienes colmo de regalos. ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Retirar mi mano cuando ya otra se ha extendido hacia ella, vacilar como la cascada antes de despeñarse.- ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Tal venganza imagina mi plenitud, tal maldad incuba mi maldad.
¡Mi gozo de dar murió, a fuerza de dar! ¡Mi virtud se cansó de sí misma por su misma exuberancia!
Quien siempre regala, está expuesto hasta perder el pudor: a quien siempre distribuye, la mano y el corazón se le encallece de tanto repartir.
Mis ojos no se inundan ya de lágrimas ante la vergüenza de los que piden: mi mano se ha endurecido, ya no sienten el temblor de las manos llenas.
¿Adonde fueron las lágrimas de mis ojos y la gala de mi corazón? ¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!
Muchos soles giran en los espacios vacíos: a todo lo que es oscuro le hablan con su luz contra lo que brillan - para mí, callan.
¡Ay, así es la enemistad de la luz contra lo que brillan: despiadada sigue su camino!
Injusto en lo más hondo de su corazón contra cuanto brilla, frío con los soles: así caminan todos los soles.
Semejantes a huracanes, vuelan los soles por sus órbitas. Siguen en su voluntad inexorables: ésa es su frialdad.
¡Ay, solamente vosotros, los oscuros y nocturnos, extraéis calor de los que brillan, solamente vosotros bebéis la leche y consuelo de las ubres de la luz.
¡Ay, hielo me rodea, hielo abraza mi mano! ¡Ay, en mí hay sed, que desfallece por vuestra sed!
Es de noche: ¡Ay, que yo tenga que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. - Hablar es lo que deseo.
Es de noche: a esta hora hablan mas fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina.
Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.
Así habló Zarathustra.
Extracto del libro:
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (1883), de Friedrich Nietzsche (1844-1900), página 96-97 de la editorial La Oveja Negra, 1984.
Ellos toman de mí. Pero ¿toco yo siquiera su alma? Entre el dar y aceptar media un abismo: el abismo mas pequeño es el mas difícil de salvar.
De mi belleza brota un hambre: yo quisiera dañar a aquellos a quienes ilumino, y robar a aquellos a quienes colmo de regalos. ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Retirar mi mano cuando ya otra se ha extendido hacia ella, vacilar como la cascada antes de despeñarse.- ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Tal venganza imagina mi plenitud, tal maldad incuba mi maldad.
¡Mi gozo de dar murió, a fuerza de dar! ¡Mi virtud se cansó de sí misma por su misma exuberancia!
Quien siempre regala, está expuesto hasta perder el pudor: a quien siempre distribuye, la mano y el corazón se le encallece de tanto repartir.
Mis ojos no se inundan ya de lágrimas ante la vergüenza de los que piden: mi mano se ha endurecido, ya no sienten el temblor de las manos llenas.
¿Adonde fueron las lágrimas de mis ojos y la gala de mi corazón? ¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!
Muchos soles giran en los espacios vacíos: a todo lo que es oscuro le hablan con su luz contra lo que brillan - para mí, callan.
¡Ay, así es la enemistad de la luz contra lo que brillan: despiadada sigue su camino!
Injusto en lo más hondo de su corazón contra cuanto brilla, frío con los soles: así caminan todos los soles.
Semejantes a huracanes, vuelan los soles por sus órbitas. Siguen en su voluntad inexorables: ésa es su frialdad.
¡Ay, solamente vosotros, los oscuros y nocturnos, extraéis calor de los que brillan, solamente vosotros bebéis la leche y consuelo de las ubres de la luz.
¡Ay, hielo me rodea, hielo abraza mi mano! ¡Ay, en mí hay sed, que desfallece por vuestra sed!
Es de noche: ¡Ay, que yo tenga que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. - Hablar es lo que deseo.
Es de noche: a esta hora hablan mas fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina.
Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.
Así habló Zarathustra.
Extracto del libro:
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (1883), de Friedrich Nietzsche (1844-1900), página 96-97 de la editorial La Oveja Negra, 1984.
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viernes, 13 de mayo de 2016
NOCTALGIA (Parte Final)
Miro a mi alrededor y
observo cada objeto que se encuentra en ella, hasta donde la claridad alcanza a
iluminar. La ventana deja ver en el exterior un paisaje hermoso que jamás me
había dado cuenta que estaba ahí. Observo también con luz tenue el pequeño
estante que está dentro de la habitación con unos libros desordenados en los
entrepaños, un jarrón con unas flores secas, el reloj de luz incandescente ya
no brillaba tanto y en la mesa están unas hojas con algunos garabatos escritos
en perfectos desorden y otros tantos estaban en el suelo ya dándole la luz del
sol.
Cerca de la mesa está la
cama con las sábanas sin orden alguno, la sábana estaba tirando hacia el suelo
como si alguien hubiese dormido allí y no pude haber sido yo pues llevo varios
días despierto. Junto a la cama, la mesita de noche con la gaveta y las puestas
abiertas. Al ver esto entró en mí un
sobresalto que se me erizó toda la piel, pensé de inmediato que algo malo
habría pasado, un ladrón seguro entró, ese fue mi primer pensamiento pero al
instante reacciono preguntándome en qué momento si siempre he estado aquí. La
claridad de la mañana ya entraba en casi toda la habitación dando su luz con el
pie de la cama. Y mis ojos se abren como persianas al ver en el suelo una mano
que se aclaraba su imagen al iluminarse el espacio. No podía dejar de seguir
con la vista lo que continuaba, un brazo y un torso y luego logré ver un cuerpo
completo tirado en el suelo. Las facciones de su rostro me eran conocidas.
Di traspiés hacia atrás, con
el susto más grande de mi vida, tropecé con la mesa lanzándola en el suelo y
con el volaron los papeles que estaban encima. Mientras caía al suelo vi caer
en cámara lenta esos papeles como las hojas secas de otoño que caen tumbadas
por el viento helado del norte. Me arrastré tan rápido como pude a la esquina de
la habitación en que aún no dada mucho el sol. El susto no pasaba todavía,
venían a mi pensamientos de ¿Quién era? ¿Estará muerto? ¿Quién lo mató o de que
murió? ¿Porque estaba ahí?
Mientras aguardaba en la
esquina prendado del miedo, el sol seguí su avance y aunque no quería mirar más
ni descubrir quién era esa persona tirada en el suelo de mi cuarto no podía dejar de hacerlo. Miré con más asombro aún al notar que la mesa que pensé que había
tirado estaba de pie con sus hojas de papel encima. Cerré los ojos y apreté las
manos y sentí un crujir entre ellas, abrí las manos y tenía una hoja de papel
que arrastré conmigo al colocarme en ese reducto espacio que me acobijaba como
los brazos protectores de una madre.
Tomé el papel con ambas
manos y empecé a desdoblar su corrugada estructura, estaba escrito algo que se
fue develando como una cortina ante mis ojos, y con mucho asombro pude leer
“Que nadie sea acusado de mi muerte” más abajo estaba escrito de forma
temblorosa “Sam…”
Me levante de mi sitio
seguro pues el miedo se había ido y camine con mucha calma hacia la mesa de escribir, y recordando al fin lo que tenía en mente por hacer tomé el
lapicero y la hoja de papel y escribí “descubrir la vida es encontrar la
muerte…voy tras los pasos de mi amor” y más abajo coloqué con mano firme “Sam…”
FIN. -
Henry Martínez.-
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sábado, 7 de mayo de 2016
NOCTALGIA (Parte IV)
Me detuve a pensar cuando
fue la última vez que pude descansar, y mi memoria comenzó de nuevo a dar
vueltas pero de inmediato alcancé a toparme con algunos pensamientos poco
claros pero que al mismo tiempo daban luces de algo de lo que ya había vivido.
Pasaba por mi mente como una
película de mis ilusiones con una chica muy guapa, agradable y sonriente, delicada como un manjar de ricas frutas, con piel tan tersa como un manto de
seda en las suaves manos de un bebé. Recordé que me amaba con locura y que se
prendía a mis brazos con tanta pasión como las amapolas abrasan al sol en las
mañanas y danzan con el pasar de las horas juntos sin quitarse la vista una del
otro. Así recordaba a esa chica que pasó fugazmente por mis pensamientos. Luego
y sin saber por qué, estaba solo, lleno de angustias y sobre saltos,
desesperado y deprimido, llorando como si algo se hubiese separado de mí, sentía mi
alma partida en pedazos y no daba la razón del porqué. Continuaba recordando
con mucho esfuerzo. Me veía llorando en mi cama, sentado en la orilla con las
manos tapando mi cara, con pensamientos insanos sobre mi vida…pero una neblina
comienza a toparse entre lo que observo y hace huir esos recuerdos.
Me decido a hacer un posible
último esfuerzo y empiezo a dar manotazos para que se disperse la neblina pero
ya no veo nada, ya no me veo en la habitación e intento buscarme para
permanecer en esto que estoy recordando. Busco y busco pero nada, y en medio de
todo se reinicia mi desespero y mi fatiga, todo se revuelve y comienza una
vez más a dar vueltas. Recuerdo en respirar profundo como lo hice la última vez
para que se tranquilice mi entorno, y cuando exhalo abro los ojos lentamente
para darme cuenta que nunca los había cerrado. Al parecer estuve de pie frente
a la ventana todo este tiempo, y observo que los primeros rayos de sol
despuntas entre las montañas y los sonidos de las aves se escuchan con alegrías
de cantos de glorias. La luz del amanecer pasan entre los vidrios de la ventana
iluminando mi silueta, besa el piso y sigue suavemente arrastrándose con sigilo
por cada palmo de la madera del suelo mientras mi mirada lo persigue como
esperando descubrir algo.
Ya la luz del sol topa con
las patas de la mesa y me hace recordar que no he escrito nada, sube entre
ellas y baña el fondo debajo de la tabla de la mesa, y me recuerda que sigo sin escribir nada.
La luz del astro rey continua
avanzando poco a poco queriendo iluminar toda la habitación, un aro de claridad topa con mis pies pero inmutable
sigue su andar. No siento el calor de este nuevo día, y mi visión parece
esfumarse, por lo que doy unos pasos hacia atrás que parecen interminables pues
no me tropiezo con nada como si la habitación estuviese vacía.
Continua...
Henry Martínez.-
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