Mostrando las entradas con la etiqueta enseñanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta enseñanza. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de abril de 2018

OTRO REGRESO...

Por circuntancias ajenas a mi voluntad (que para mí es inquebrantable) había dejado de escribir en estos espacios de vital desahogo mental. Espacio donde logro plasmar un sin  fin de ideas que participan en mi vida cada día y que en algunas ocaciones no tengo papel y lapiz a la mano para por lo menos dejar algún rastro de aquella idea que pasa por mi mente en instante y que en muchas ocaciones desaparecen por la llegada de otra que se sobre pone a ella.

Espero que en los tiempos por venir no interrumpir lo que tengo en planes. Su acompañamiento y comentarios de estos escritos son de suma importancia para mí.








Caracas, 09 de Abril 2018
Henry Martínez.-


sábado, 22 de octubre de 2016

NADA MÁS (Cuarta Parte)

Sale de la cocina subiendo su franela de tela delgada de algodón, la saca por su cabeza un poco despeinada pero esta vez no de violencia. La deja deslizar por sus delgados brazos y la deja caer en el suelo de la cocina ya cerca de la puerta. Camina unos pasos más y se desabrocha el short para dejarlos caer también, pero estos se quedan a mitad del pasillo mientras sigue rumbo al baño.

Desliza la cortina para poder alcanzar la llave del agua caliente de la regadera, en espera del tiempo en que sale el agua ella termina de quitarse la ropa interior, primero el brasier y luego el blúmer. No levanta la mirada y esquiva de nuevo el espejo, se mete a la ducha y apoyando ambas manos en la pared mientras deja caer el agua aun entibiándose sobre su cabeza.

Quería sentirse libre, pero aun estando desnuda no consigue desnudar su alma que sigue presa en los recuerdos de su pasado tormentoso, siguiendo los pasos de ejemplos matriarcales nada razonables, y que nunca se les hizo racional.

Deja que caiga directamente el agua en su rostro esperando relajar las expresiones que marcan su cara y que reflejan los rastros de tristezas y penas que embargan su existencia.

Se voltea para así sentir correr ese preciado líquido por su espalda, también siente el frescor que alivia ciertos dolores ocasionados por las situaciones vividas y que dejaron sus huellas marcas de manera imborrable, no sólo en el cuerpo sino que pasó a formar parte de su ya debilitada estima.

Cada vez que pasa sus manos por esos estigmas, que aparecen cada vez que vuelve a caer en las manos y en las palabras cuando aparece la sombra del pasado, se recuerda a sí misma que no volverá a pasar. Decidida a que eso sea así toma la toalla y seca con cuidado su cuerpo para empezar a fortalecer las ganas de vivir. No más momentos de peligros en su vida, no más respiros apresurados al ver la hora y que las cosas no estén donde deben estar con la comida lista y caliente en la mesa a esperar con una falsa sonrisa, la aprobación de que todo está bien y respirar aliviada porque puede ser que esa noche duerma un poco más tranquila.

Sale del baño para dirigirse a la habitación a vestirse con la idea de cambiar todo de su lugar, a colocar cada objeto que adorna su casa a su gusto, a sentirse libre de elegir por primera vez, a comenzar a amar verdaderamente su vida por sobre todo, a respetarse y hacerse respetar, a amar libremente cada cosa que quiera y desee sin la necesidad de aprobación más que la de ella misma.


No quiera nada más que sentirse libre por primera vez, fuera del sometimiento familiar, fuera de la mirada inquisidora de la pareja. Quiere decidir por sí misma, tener vida propia. Ya es la habitación comienza a vestirse con ropa elegida al azar con la intención de concluir esta etapa de su vida…

Continua...

Henry Martínez.-

jueves, 29 de septiembre de 2016

NADA MAS (Segunda parte)

De regreso a la cocina pasa por el baño del pasillo para lavarse la cara un poco. Frente al lavamanos posa su espíritu esperando a ver si ya se puede incorporar a su cuerpo, abre el grifo para escuchar   caer el agua dentro del recipiente de cerámica y sentir un poco de libertad. Aun no se puede reponer de algunas formas de lucha que revolotean en su cabeza y que no se disipan fácilmente como ella lo desea. Sabe que tiene al frente un espejo pero no levanta la mirada para verse  y encontrarse con ella misma porque seguro recibirá un fuerte reclamo desde el espejo que la desanimará más de lo que ya está.

Mientras siente el frescor del agua mojar su rostro, piensa en lo agradable que es abrigar una caricia, dulce, suave, tierna y llena de amor.

En los tiempos en que las mariposas aun volaban en su mente ella intenta recrear en lo que creía, en esos momentos que la felicidad era el fin último. Vivir la aventura de encontrar el amor, la vida idealizada desde los tiempos remotos y que ha transcendido hasta nuestros días en la mente de muchos de nosotros. Que la felicidad sea nuestra gloria eterna… eso nos lo han inculcado como norma infinita sin instrucciones previas.

Seca el rostro con cuidado de no lastimarse más de lo que ya se encuentra, la dura batalla ha dejado el pasto seco en el campo donde la beligerancia cobró las victimas que se enfilaban a la esperanza de vivir en el paraíso de su espíritu. En ese mundo ideado sólo para uno mismo sin permiso de los demás. Viajar a ese mundo es viajar con zapatos de plomo, es un viaje tan pesado que muchos desisten y se quedan en cualquier mundo que se consiguen en el camino embarcándose hacia un destino incierto donde el único perjudicado sería su alma.

Ella vuelve en sí después de este viaje mental. Seca sus ojos pero no del agua con que se roció en el rostro, si no de unas lágrimas que se confundieron en sus mejillas húmedas.

Intenta reponerse de una vez por todas pero su espíritu aún no se incorpora. Sale del baño con intenciones de ir a la cocina pero teniendo que arrastras su peso para llegar hasta allá.

Continuará...

Henry Martínez.-

viernes, 29 de julio de 2016

REFLEXIÓN ANTE LA MUERTE DE UN SER

Cuando alguien querido (familiar o amigo) se muere -indiferentemente cual haya sino la causa- lloramos desconsoladamente en la mayoría de los casos. Nos recordamos y/o escuchamos  casi siempre de sus últimos momentos en vida; que si lo vi ayer en la tarde y me dijo tal cosa; que si pasó por aquí temprano y me saludó con mucho cariño, es que creo que vino a despedirse, y más cosas similares. Pero ¿Qué es lo que lloramos cuando él o ella ya no están físicamente?

En muchos casos vemos a los hombres y a muy pocas mujeres (sin intención de discriminar) mantenerse erguidos ante la muerte de ese ser querido. Lo hacen en la mayoría de los casos para que nos los vean llorar, para que vean lo fuerte que son aunque por dentro se estén destrozados. Pero, seguro no lloran porque han entendido que un hombre o una mujer de carne y hueso, no es exactamente lo que uno conoce de ellos. Esas figuras materiales la reconocemos, que es distinto. Es para nosotros un referente.

Seguro no lloran por que hayan entendido que uno se enamora de la esencia, del ser y lo calificamos como virtud o calidad de gente. Así, como cuando uno cree en un Dios, en una divinidad, no nos importa la forma física, se cree en él sin verlo. Empiezas a conocerlo por las cosas que nos dicen que ha hecho o que ha dicho, que son atribuidas a ese Dios, y hacen que uno se identifique con esos hechos. Comenzamos a quererlo sin saber cómo es, y eso no nos importa. Damos nuestra fe en pensar que algún día estaremos frente a él, en ser su aliado en las cosas que habrá que hacer, lo imitamos tanto en sus acciones cómo en sus palabras. Intentamos seguir sus pasos para que nos acepte en su reino “aunque sea como el último de su siervo”.

Y si pensamos en lo mucho que creemos en un ser supremo ¿Por qué lloramos? Muchos creemos que hay o existe una fuerza que nos mueve a todos, otros, también significantes en números no creen en nada, solo en lo que ven. Lloramos cuando una persona allegada fallece y deja en nosotros un hondo pesar que lamentamos por un tiempo perentorio mientras nos acostumbramos a la ausencia de ese ser querido porque nuestras vidas continúan. ¿Será que no hemos aprendido en tantos millones de años de evolución a entender que no somos lo que se entierre en una fosa, o se incinera en un crematorio, o lo que sea que se haga con el cuerpo según su religión, costumbre o gusto? Repito la pregunta anterior ¿Qué es lo que lloramos o a quién lloramos?

Nos dicen que somos hecho a imagen y semejanza de un Dios (cualquiera sea su existencia cultural) pero no entendemos que sí somos su imagen y semejanza, entonces somos luz, energía, que somos una esencia o un ente, que lo físico no nos identifica pues la carne y la piel envejecen pero seguimos siendo los mismos, con más experiencia y más aprendizajes.

A pesar de saber todo esto, seguimos aferrados a lo material. Seguimos llorando la ausencia física de la persona, y no nos damos cuenta que esas famosas y repetitivas frases de “te recordaré siempre en mi mente y en mi corazón” o “mientras yo viva, vivirás en mi” son precisamente porque lo que sentimos de una persona amada es lo que nos atrae de su ser.

Aunque sé que son dolorosos esos momentos, más por lo que sentimos que por lo pensamos, debemos recordar que somos imagen y semejanzas al Dios que creemos. Pero como nos infunden la vida sólo de lo material como posesión preciada, incluyendo al hombre y a la mujer en términos de propiedad. Así mismo lo hacemos con el Dios, que lo asemejamos a nosotros y le damos la imagen según nuestra cultura y raza.

Cuando entendamos de una vez, que la vida es la que dejamos y no nos la llevamos… entonces dejaremos de llorar ante la muerte. 

viernes, 10 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA

La ciudad se torna gris con el paso de las horas, y por el balcón del apartamento veo como la gente camina tocándose sin sentirse, comunicándose con personas tan distantes sin tomar en cuenta del que está al frente. veo como los edificios despiden al sol con indiferencia, y ante la prominente oscuridad las múltiples miradas arrojadas en la calle continúan observándose en el vacío de sus almas pero al mismo tiempo acostumbrando sus ojos a la tenue luz de algunos faroles que con esfuerzo intentan ganarle espacio a la penumbra que se avecina sobre sus cabezas en medio del bullicio de las aceras.

Observo desde mi balcón como se va perdiendo la esencia de la fe en el otro por que cada no va a lo suyo, está en lo suyo, no hay pasión por el cumplimiento, por la ayuda, por el amor. Observo rostros de desgano hasta con los más cercanos. De gente qué sintiéndose menos miran a otros con desprecio.

Sigo mirando, veo a algunos que aunque estén sentados se le va pasando sus vidas, sus días y sus sueños que ya cogieron otros rumbos...y otros que van pasando están dejando atrás sus vidas arrastrados por el deseo de los logros no alcanzados.

Miro por encima de mí y siento que nada cae del cielo. Sólo un bruma que entristece el espíritu de los seres, baja sin discriminar a nadie y los hace caminar apesadumbrados...limbo es su camino y trágico su padecer. Ademas de estar pensando en una idea que está acompañada de la fatalidad de su fracaso, un hombre camina lastrando sus penas y a su desdeñado perro que alza la mirada agónica para encontrarse con la misma expresión en la mirada de su dueño.

Y en mi continuo paseo visual por esta ciudad plagada expectativas góticas pero de una realidad trágica, surge del medio de los colores opacos del asfalto y la acera una figura que cubre su aspecto entre la sombra de la noche y la poca luz de un poste...

Continuará...

Henry Martínez.-

sábado, 30 de abril de 2016

NOCTALGIA (Parte III)

Al darme cuenta que la ventana estaba cerrada, intenté precipitar mis pensamiento en saber de dónde provenía esa corriente de aire, que aunque era suave debe estar colándose por algún espacio de las paredes de madera, mi preocupación ahora se centraba en que si la estructura de la casa estaba cediendo por alguna razón y había hecho grietas cerca de los marcos de la ventana que tenía frente al escritorio.
Empujé hacia atrás la silla donde estaba sentado para acercarme a la ventana a verificar si tenía grietas, acerqué mi rostro al marco y pasé de arriba abajo mí mejilla y no sentí ni una pizca de viento. Me alejé dando pasos cortos y lentos  sin dejar de observar todo el marco de la ventana. Posé la mano sobre la mesa tanteando para encontrar el lapicero sin quitar la vista de la ventana, mis pensamiento estaban tratando de razonar en un entorno que ahora de tanto pensar se me hacía extraño, no quería pensar de momento en mi locura pues aun mis dedos seguían buscando el lapicero que se seguro ya lo había tropezado varias veces sin darme cuenta.
Intenté sentarme de nuevo pero tampoco alcanzaba la silla, di unos traspiés que casi me caigo pero logré sobre ponerme e intenté mantenerme en calma. Una noción de neblina se coloca ante mis ojos y el temor logra tomarme por asalto. Respiro lo más profundo que puedo y cierro los ojos para intentar entender que está pasando. Intento calmarme una vez más, pero el revolotear de mis pensamientos me confunde en lo que me debo y quiero hacer. Pienso en salir de esta habitación y mis piernas no obedecen a mis instintos para escapar de este espacio. 
Trato de recordar mi pasado y lo que he hecho hasta el presente por el temor de olvidar quien soy, y lo que consigo es un ir y venir de cosas que a veces no reconozco pero que si están en mi pensamiento, o mente o que se yo lo que eso sea donde esté deben significar algo para mí  y mi existencia en lo vivido.
Luego que todo me dio vueltas a mi alrededor como un torbellino, la habitación entró en calma, creí por un momento que todo estaría desordenado pero solo atiné a ver el reloj de incandescencia roja que me indicaba que faltaban  cinco para las cuatro de la mañana…ya el sol está próximo a salir y yo todavía sin escribir ni dormir…

  
Continua...

Henry Martínez.-

viernes, 15 de abril de 2016

ENCONTRAR LO QUE NUNCA SE HA PERDIDO (Parte FINAL)

Él se quedó ensimismado, recordó tantas cosas en aquel momento, recordó cosas de su infancia, de su juventud rebelde, de amigos y novias, de familiares vivos y muertos. Su cara era un poema, era una oda al recuerdo. Recordó triunfos y fracasos, recordó quien era, de donde venia y hacia donde iba. Después de todo lo que tenía, volvía a encontrar sentido a su vida. Ahora sentía que una paz interna recorría todo su cuerpo, cayó de rodilla y comenzó a sollozar, su alegría era inmensa pues ahora sabía a quien buscaba y por qué. Sabía a donde ir comprendiendo que existe alguna razón. Levanto una vez más la cara al cielo y respiró el aire puro del bosque, se sentía el aroma de la tierra, vió con detenimiento desde las criaturas mas diminutas hasta los grandes árboles por encima de él….y comprendió la vida.
Se levantó con entusiasmo y mirando al frente, vio que aquella brillante luz se estaba haciendo traslucida ¿Qué te está pasando? —Preguntó-- ¿te perderé de nuevo?
--No,--respondió la luz ya mas traslucida—ni tu ni nadie me ha perdido jamás, solo que a veces me hacen a un lado por temor a seguir creyendo. Solo se hacen daño porque la realidad es y siempre será una, aunque sea vista de diferente manera, y el destino es laborable y duradero siempre y cuanto me tengas presente.
--Te aseguro que eso haré siempre.
--Ahora sí puedes irte…y recuerda que estaré ahí cuando me necesites.
Se volteó decidido a comenzar a bajar la montaña lleno de una nueva energía y vitalidad que había sentido en sus primeros años de lucha y qué esta vez no la dejaría ir. La brisa era fresca y la luz del sol estaba ya más bajo camino hacia el horizonte. Las hojarascas volvían a crujir con los dos primeros pasos. Se detuvo de nuevo y en su rostro se dibujo una sonrisa. La brisa seguía su rumbo y se sentía que giraba entre los arboles como doncellas traviesas y libres, que se esconden y disfrutan del juego como nosotros cuando éramos niños. Se volteó y miró la luz, y sin vacilar le preguntó:
--¿me puedes decir tu nombre?
--Y la luz respondió—ESPERANZA…,--y continuo desapareciendo hasta que solo se veía el bosque, nuevamente se escucharon todos los sonidos del lugar, llenando de alegría su corazón. Él sonrió otra vez y acentuando con la cabeza mientras giraba para empezar a bajar, se dijo en voz baja “Lo sabía, solo quería escucharte una vez más”.

Y bajando, estaba ahora seguro  que volvería a disfrutar la vida, que vivirá cada segundo con toda intensidad, que gritará a los cuatros vientos que es feliz deseando compartir su felicidad con el mundo, que llevaría la buena noticia que todo no está perdido y que nunca lo ha estado, que él al igual que muchos en estas tierras, son hombres y mujeres llenos de esperanza y que por ello, esta es una vida pujante de futuro...pues encontró lo que nunca se le había perdido
FIN.
Henry Martínez.-

viernes, 8 de abril de 2016

ENCONTRAR LO QUE NUNCA SE HA PERDIDO (Parte IV)

Y en algún instante todo estaba en silencio, no se sentía la brisa, no se sentía el frío, todo estaba quieto, el silencio era ensordecedor.
De pronto la sombra comenzó a avanzar rápidamente hacia él, no le dio tiempo de arrastrarse ni un centímetro, estaba mirándola inmóvil pues ya la tenía encima. Empezó a tratar de gesticular algo, pero no le salía ningún sonido, se esforzó y tartamudeó: ¡¡ Q…Q…Quien e…e…eres!!! Por si era una persona…¡¡Chú...Chú!!! Dijo luego, por si era un animal…¡¡¡POR FAVOOOOR NO ME HAGAS DAÑÑOOO!!! Gritó con voz temblorosa y llorosa como última opción.
--No tengas miedo, no te hare daño…escuchó esas palabras casi como dentro de su cabeza, luego pensó que podían provenir de esa sombra, era una voz suave, tierna y apacible. Su corazón comenzó a latir más lento y su mirada de susto empezó a ver con más claridad a la sombra pues se convertía en un  haz de luz. El miedo se había disipado y ahora estaba más en calma y sus puños soltaban poco a poco las hojas trituradas. ¿Quién eres? Volvió a preguntas, esta vez con voz más clara pero aun teniendo la precaución a cualquier cosa a pesar de que se sentía una paz indescriptible en todo el lugar.
No había una respuesta aun pero seguía mirando a lo que ahora es una luz brillante pero cálida, no lo enceguecía pero lo mantenía perpetuo al suelo. Intentando incorporarse no dejaba de ver la luz. Una vez de pié pregunto una vez mas ¿quién eres? Se escuchó un ave trinar y la brisa movía levemente las ramas de los arboles, un rayo de sol se coló entre el bosque, al mismo tiempo que se escuchaba provenir de la luz ¿no me conoces?
—No, Respondió él, no logro distinguirte—continuó diciendo.
--Soy lo que tú eres.
El se quedó pensativo pues sentía que estaba confundido ¿estoy acaso muerto? Preguntó.
--No, si estuvieras muerto yo no estaría aquí contigo.
--¿y entonces?
--Estoy aquí por ti y para ti, pero en lo últimos años has estado disperso de mi.
--¿eres mi ángel de la guarda?
--No, a pesar de que no rezas, aun crees en algo que te cuida.
--Solo veo una hermosa luz, pero no me parece conocer nada como tú.
--Es que me has olvidado a pesar de tus tropiezos en la vida, antes esperabas mucho de mí, pero hace tiempo que me olvidaste porque te sientes autosuficiente y solo crees en ti mismo.
--¿y eso es malo? Cuando se es autosuficiente, uno sabe que puede lograr muchas cosas…
--Cierto, pero en la mayoría de los casos, esas personas se van creyendo superiores a otros y comienzan a perder las perspectivas de la vida y a tomar decisiones sin pensar en el prójimo.
--¡Pero si nuestras ideas siempre están guiadas para ayudar a los demás!
--No siempre, porque se han creado en torno a mí un comercio lucrativo, jugando a ser lo que soy, olvidando dar la alegría verdadera. Así no se ayuda. Solo se les manipulan los sentimientos dándoles falsas expectativas.
--¿y eso que tiene que ver conmigo?
--Mucho, porque tú has logrado llegar lejos, pero todo no lo has hecho solo, alrededor tuyo ha estado gente muy valiosa, tanto de sentimiento como de conocimientos y no solo lo has dejado atrás sino que también los has echado a un lado.
--Pero si yo he seguido mis instintos, he seguido mi camino con mis ideas y mi constancia, no tengo la culpa que otros se queden estancados.
--Cierto, pero dejarlos atrás no significa olvidarte de ellos, de cuan valiosa fue su ayuda, las ideas que aportaron y que tu desarrollaste, de esas palabras que te sirvieron para seguir adelante, de esos momentos de ánimo y de compañerismo cuando te sentías decaído.
--Si soy tan malo, ¿porque estás aquí conmigo?
--Siempre he estado contigo y con todos, en ti y en todos, pero algunos pierden la fe rápidamente, otros no se esfuerzan lo suficiente, la mayoría declinan por soluciones rápidas y muy pocos son los que llegan al final conmigo, pues siempre me tuvieron de su lado a demás de poner su mayor esfuerzo.
--Cada vez entiendo menos, ¿puedes decirme por qué estoy aquí?

--Claro, estas aquí buscándote, pues solo soy  quien te impulsó a subir esta montaña,  hacer constante en llegar hasta aquí. Soy lo que te hizo vencer los obstáculos del camino y a medida que te acercabas a tu destino has logrado verme cerca de ti una vez más. Soy todo aquello de lo que tú has pensado hacer en tu vida y con tu vida. La lucha, la motivación, la manera de ver las cosas. Soy tu mayor aliado y tu mejor estratega. Soy quien te ha dado todo aun sin que tengas nada. Soy tus deseos y tu fe, tus ideas y tu realidad. Soy presente y futuro, el origen de todo pensamiento. Soy tu familia y tus amigos. Soy aquí y ahora mientras tú vivas y sueñes.
Continua...
Henry Martínez.-

viernes, 1 de abril de 2016

ENCONTRAR LO QUE NUNCA SE HA PERDIDO (Parte III)

Vuelve a escuchar el sonido de las hojas secas en el suelo y mira a su izquierda para observar, busca con la mirada a lo que emite el ruido, otra lagartija quizás,  pensó,  pero su mirada no logra atinar a nada parecido, creyó que era su imaginación a causa del cansancio. Intenta retomar el ritmo pero este se hacía más lento, respira con dificultad y su visión sentía que no era óptima. En ningún momento ha mirado atrás, en ningún instante se ha puesto a pensar en cuanto ha subido, en su mente está claro el camino y aun no ha llegado al sitio indicado, así lo sentía.
Detuvo la marcha recostándose de un árbol, inclinó la cabeza hacia arriba con los ojos cerrados, respiró profundamente dos o tres veces al mismo tiempo que se pasaba la mano por la frente para secarse el sudor. Abrió los ojos y observó la luz del sol en lo alto de los arboles. Los rayos brillantemente se inclinaban desde su izquierda y caían con suavidad hasta tocar el suelo cubierto de hojas secas con una delicada timidez. Sintió que el alma le volvía al cuerpo, recordó que no había tomado agua desde mucho antes de empezar a subir, y aun así no tenía sed. Se incorporó con la meta final como su única idea y con pasos más lentos como si no pudiese levantar los pies, avanzaba con dificultad. Pensó: “estoy como el dicho ese; ando con un plomo en el ala” y sonrió.
Ya el sol había bajado más en dirección al oeste, iba rumbo al poniente, y mientras tanto él seguía caminando, no sabía si al norte, al sur, al este, al oeste o algún punto cardinal intermedio, solo seguía caminando, su corazón comenzó a latir más fuerte, él pensaba que  le estaba exigiendo mas oxigeno, sentía una extraña sensación que no recordaba haberla sentido antes. Pensó en detenerse pues por un instante  sentía la presencia de alguien o de algo, sus vellos se erizaron al imaginar que podría ser un lobo o un tigre, quizás de  un oso. No se detuvo pero caminó con un poco de cautela mirando a su derecha y luego al otro lado, giró en un pequeño círculo para mirar a todos los lugares, como asegurándose de que no quedara un palmo por cubrir, quiso avanzar más rápido pero sólo pudo acelerar un poco la marcha. Miró hacia el frente y casi se detuvo, allí estaba, ¡no lo podía creer! Había llegado al lugar que buscaba, ¡su corazón se lo decía palpitando con más fuerza!
Casi brincaba de la alegría…avanzó rápidamente para terminar de llegar hasta ahí, y cuando sintió que estaba en el centro del lugar rió a carcajadas y con la cabeza inclinada hacia el cielo comenzó a dar vueltas con los brazos extendidos a los lados. Giró y giró, y no paró de reír aunque no sabía por qué. Cuando bajó la cabeza en unas de las vueltas miró algo entre los árboles, la risa por poco se le paralizó y girando con más lentitud se detuvo de espalda a lo que había visto.
Quedo parado ahí con los ojos cerrados pensando que era su imaginación aunado al cansancio lo que le habría hecho ver esa sombra. Abrió los ojos y miró hacia el frente sabiendo que lo que había visto estaba a sus espaldas. Pensó dos veces antes voltear y respirando profundamente lo hizo, ¡¡ZUASSS!! El giro fue violento pero no había nada, y casi quieto como en una posición de combate miró de nuevo pero esta vez con movimientos de sus ojos de un lado a otro. Soltó la respiración pues en efecto no era nada. Su corazón aun latía fuerte por ese percance. Respiró profundo para calmarse, bajó la mirada al suelo con una expresión en su cara de: uff gracias a Dios; pero eso no duraría mucho porque sintiendo esa presencia, miró a su izquierda y allí estaba aquella sombra de nuevo. El hombre brinco en su mismo sitio cuando miró de frente aquello que no divisaba bien, trastrabilló unos pasos hacia atrás y cayó de espalda en el suelo haciendo ruido con las hojas secas, sus manos ya tocando el piso se aferraron a un montón de hojarascas que crujían en sus puños, sus dientes se aprisionaban entre sí, la expresión de su cara había cambiado a la de: ¡¡sálvame Dios!!,  intentaba ver con exactitud de qué era esa sombra, si de un animal o de una persona pues la luz que entraba en el bosque era trémula. Pero algo si empezaba a notar, la sombra de aquello que estaba allí, no se movía, no emitía ruido alguno, no había diferencia entre si estaba de pie, sentado o agachado. Simplemente no se movía. 

viernes, 25 de marzo de 2016

ENCONTRAR LO QUE NUNCA SE HA PERDIDO (Parte II)

Al encontrarse al pie de la montaña, y al  estar frente a frente a ese reto pensó: ¿realmente esto es lo que quiero? Dudó un segundo y sin darse una  respuesta comenzó el camino. El aire era distinto, se respiraba distinto, era un poco más puro, muy diferente al de la ciudad, se podía sentir la tranquilidad del bosque, la luz se hacía poca a medidas que avanzaba, el camino cada vez mas empinado se le hacía difícil, y aun así no detenía su marcha ni aminoraba su paso. Trataba de respirar profundamente para que su corazón no se agitara y no tener que detenerse, no quería perder tiempo, quería llegar hasta donde le fuera posible, hasta donde la vista le asegurara que estaba en el lugar que el miraba insistentemente desde abajo.
Falta poco…se decía cada vez para no apagar sus ganas de seguir subiendo, casi ya era medio día, el sol seguía sus pasos hacia lo más alto del cielo, él no lo notaba pues mantiene su paso apresurado hasta lo más elevado de montaña. El camino ya no se divisaba con claridad, no ha mirado hacia atrás pero el camino dejado se hace cada vez más pequeño y aun así sigue subiendo casi perdiendo el norte pero seguro de saber a dónde va, y siguiendo su rumbo, no detiene su marcha ni un solo instante. Solo se escucha el canto de algunas aves. Un sonido llama su atención, es un sonido ligero y fugaz, mira a su izquierda pero sin detener la marcha y cree haber visto algo así como una lagartija que se paralizó al andar de sus pasos firmes para luego perderse muy velozmente de su vista entre los matorrales.
Continua subiendo, aun no sabe cuánto le falta pero está seguro que pronto llegará. El camino ha desaparecido y no se ha dado cuenta pues su mente está en ese encuentro esperado. Ya comienza a caminar con un poco de dificultad porque no hay sendero alguno, se enreda entre unos ramales, pero insiste en seguir, nada detendrá su avance. Hala con fuerza su pierna derecha atrapada con unas raíces secas tiradas en el suelo como para no dejar pasar a ningún intruso que intente violentar su virginal paisaje. Quita de su rostro algunas hojas que rasgan la superficie de su cara como hojillas, sintiendo que le arde la piel con el paso del sudor  mientras se impulsa ayudado con unas lianas que desciende de algunos árboles, mas sin embargo se le hace complicado el ascenso.

Se tropieza con un árbol al que intenta recostarse por un instante para descansar pero sus piernas no le permiten parar, pereciera que le guía su corazón más que la razón. El cansancio se asoma más y más en su mirada, sigue su rumbo con sumo esfuerzo pues sigue enredado con ramas que cada vez mas pareciera que se hacen irrompibles. Se siente desmayar, posa su mano en un tronco para impulsarse hacia adelante y así continuar subiendo. 
Henry Martínez.-

viernes, 18 de marzo de 2016

SIMILITUDES

Jesús, casualmente es hijo de María. Piensa que está predestinado para grandes cosas pero aún no sabe que es.Ya va a cumplir los 18 años de edad y cree que sus pensamientos y sus recuerdos se les perderán hasta cumplir los 30.
No sabe aún quien es su padre, se lo ha preguntado a su mamá pero ella no le dice o no sabe que decirle pues ha tenido varias parejas. Por lo tanto Jesús se hace a la idea que José, que es con quien vive su madre actualmente es su padre pero tiene sus dudas.

Ellos viven en un barrio pobre, Jesús nació en su mismo rancho a las afueras de la ciudad y es el mayor de sus hermanos. Ha escuchado a algunos vecinos decir que cuando él nació solo acompañaba a su parturienta madre un perro y un gato y que  horas antes del parto se había ido la poca luz eléctrica que llega al sector y regresó justo en el momento de su nacimiento.

Jesús tiene pocos amigos pero muchos pensamientos y se ha dedicado a escribirlos desde hace poco para no olvidarlos, según él, y recordarlos cuando le regrese la memoria a los 30 años de edad y sepa ya cuál será su destino sin olvidarse de su pasado.

Jesús ha deambulado por el barrio de un lado a otro, el que conoce bien por que desde niño a acompañado a José para reparar y vender los objetos que hace con la madera que se consigue en los basureros. No es carpintero pero tiene cierta virtud con las manos para estos menesteres.

Jesús se sienta en un muro cerca de su casa para recordar las veces que se ha topado en diferente lugares, que son muchos, con gente un poco extraña. Trata de recordar con poca lucidez lo que le han dicho. Una de esas cosas es que un señor le dijo que era un niño muy especial y que de él va a depender los cambios por venir, otro le dijo que un día lo recordaran por las cosas que hará en el futuro y un tercero lo tomó de la mano para enseñarle que la vida es lo que uno quiere que sea.

Una mañana su madre María se levanta temprano para despertar a Jesús y ser la primera en felicitarlo por su cumpleaños número 18  y para que le haga un favor en el mercado. Entra en el cuarto donde duerme con sus otros hermanos pero no lo ve, despierta y pregunta por Jesús, al hijo que tiene más cerca en la habitación y este le dice que estaba anoche en la sala sentado y pensativo como siempre. María sale a preguntar a los vecinos si no han visto salir a Jesús la mañana de hoy a lo que estos le responden que no lo han visto. María levanta a unos de sus niños para que busque a José al basurero a ver si Jesús está con él, pero regresa con José un poco preocupado y sin Jesús.

Ya han pasado varios días y nadie sabe nada de Jesús, la policía ya tiene los datos de la denuncia de su desaparición pero no tiene pista alguna. María aún sigue  preguntando por él con el dolor y la angustia marcado en el rostro a todas partes que va, los hospitales no han reportado ni siquiera a alguien parecido a él pero María aunque triste no pierde las esperanzas de recobrarlo con vida. 

Ya la gente comienza a decir que fue el hampa que lo secuestró, que quizás ya fue ajusticiado, por la policía o algún delincuente drogado que lo confundió con un enemigo, pero todos saben que él no tenía problemas con nadie. Uno de sus pocos amigos, que sabía las inquietudes de Jesús y les dijo que el vendrá en su cumpleaños 30 y vendrá hecho hombre

María no quiere resignarse a perderlo pues es su primogénito. Nadie sabe qué ha pasado con él a semanas de su desaparición, ahora ya están diciendo para alentar a María en medio de su sufrimiento que “Jesús viene pronto” y debemos estar preparados para recibirlo. 

Henry Martínez.-

viernes, 19 de febrero de 2016

(LOS MENSAJES DE) HERMES TRITÓN

En un tugurio del pueblo de baruta, más o menos a las diez de la noche, permanece absolutamente solo en una esquina un hombre solitario y de piel marrón, aferrado a una botella musitando incomprensiones. En el bolsillo trasero de su pantalón lleva enrollada una gaceta y un bolígrafo azul. Alrededor de esa esquina se apretujan algunos borrachos en contra de las otras mesas y el mostrador. El primitivo y maloliente alborozo del final de la tarde casi está extinto ahora, con charcos de barro y cerveza entre las sillas, infinidad de chapas a lo largo del piso configurando laberintos para las cucarachas. Muchos pies tambaleantes y escupitajos. La música ha disminuido su estridencia hasta convertirse en un murmullo agitado y caluroso.


Los portugueses detrás del mostrador se disponen a cerrar; pasan el sucio y sempiterno trapito encima de la barra una y otra vez, hasta cebar la superficie con una inmaculada capa de grasa.

El hombre de la esquina parece estar medio borracho, pero 
completamente ensimismado en algún tormentoso pensamiento. Sus ojos amarillentos transpiran la consternación. Sostiene con ambas manos la botella y le da vueltas en sus dedos febriles, como buscando algo. Hasta hace minutos estuvo escribiendo sin parar en los márgenes de la gaceta: frases, números, formulas químicas y alquímicas -me refiero a símbolos y anotaciones astrales, nombres de hierbas-. Y durante la tarde estuvo también en eso en en metrobus. Lleva días escuchando algo, en las noticias. Presiente que puede descifrarlo.

No obstante, las últimas horas han sido febriles. Su mente está agotada del solo intento de mantener un cauce de pensamientos. Por lo cual ha estado escribiendo en los márgenes de la gaceta. 
Ciertas fórmulas, se ha dicho. Pero también garabatos de todas las especies, de tal manera que quien abre ese cuaderno se consigue con lo que parecen ser las anotaciones de un poseso.

Tiempo después este hombre desaparecería, y en nosotros quedarían los registros de su obsesión. Al salir de aquella cueva se encontraría de pronto en una esquina gris del pueblo de baruta. El estruendo repentino del camión de la basura no alcanza a sobresaltarlo, se hunde el ruido en un pozo de silencio que nace en la boca de su estómago. Siente náuseas, pero se incorpora. Debe llegar a salvo -como que recuerda. ¿Adónde?

Tambaleante, se escabulle detrás de un poste, hacia un callejón, como una lagartija en un planeta desconocido.

De Jesús Torres, creador del blog scorpionmeat.blogspot.com/

miércoles, 20 de enero de 2016

Entrevista al Profesor José M. Briceño G.

Quiero recomendar el siguiente documental de Argimiro Serna que en lo particular me es muy interesante. Se trata de una entrevista al profesor, escritor y filosofo José Manuel Briceño Guerrero, que nació en la población de Palmarito del Estado Apure el 06 de Marzo de 1929 y falleció en la ciudad de Mérida a la edad de 85 años. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo, Premio Nacional de Literatura y nominado al Premio Nobel de Literatura, fue un destacado especialista del lenguaje y de la expresión lingüística.

Autodidacta en muchas de sus facetas pero sobre todo un hombre ejemplar en la educación. En esta entrevista trata el tema de como la palabra es de sumo interés para el hombre y su conocimiento, la entrevista es una narrativa sobre el poder que tiene la palabra en la cultura de las naciones. con un poco de jococidad explica como comunicarmos y el sonido  y su efecto al pronunciar cada palabra. Subida en dos parte en You Tube (una de 20 minutos y otra de casi 10 minutos) el tiempo ni se nota al escuchar la charla del profesor Briceño.

Henry Martinez.-
Documental El poder de la palabra con José Manuel Briceño Guerrero (Parte 1)
Documental El poder de la palabra con José Manuel Briceño Guerrero (Parte 2)

Aquí les dejo los link: 
https://www.youtube.com/watch?v=VsIlFqeM3IQ
https://www.youtube.com/watch?v=0nEKmVnoIn8

domingo, 3 de enero de 2016

QUISIERA VERTE ESTA NAVIDAD...

Si te viera de nuevo, sería el hombre mas feliz 
y aunque con el susto en mi pecho te abrazaría como aquel día que te vi 
quizás esperando por mí.

Si pudiera abrazarte de nuevo, lo haría con la fuerza  

y no permitiría que te fueras pese a que me despertara
correría detrás de ti aunque se que no te alcanzara

Si al despertarme la realidad es que no estas

buscaría dentro de mi donde seguro te encontraré
y allí te miraría a los ojos para ver de nuevo ese profundo amor que busqué


Si al descubrir que ya no estas y mi vida se entristece de nuevo
recordaría todos esos momentos de alegría y enseñanzas
y seguro sabré que tus palabras jamas se perderían 
pues mis hijos, sus hijos y sus hijos seguirían amándote

Si al recordar esos momentos de alegrías y enseñanzas

tu alma vendría a mi rebosando de amor encendiendo las luces de mi vida
ya no habría mas búsqueda, se acabarían las lagrimas, y esta navidad dormiría en tus brazos
como aquel niño que espera su regalo en noche buena

Y si el amor enciende mi vida, mi alma brillaría como siempre

soñándote, brindándome ese apoyo justo cuando lo necesito
dándome el consejo exacto y amándome eternamente aunque ya no estés
por eso y mas... quisiere verte este navidad




Henry Martínez.-



jueves, 22 de octubre de 2015

RETORNO

Para entrar en el reino de la muerte avancé por el pórtico de bronce que interrumpía las murallas siniestras. Sobre ellas descansaba perpetuamente la sombra como un monstruo vigilante. Extendíase dentro del recinto un espacio temeroso y oscuro, e imperaba un frío glacial que venía de muy lejos. Era el suelo bajo mis pies como una torpe alfombra, y sobre él avanzaba lentamente suspendida por alas invisibles. El pasmo de la eternidad se revela en augusto silencio, comparable a la calma que rodea el concierto de los astros distantes. Con él crecía el misterio en aquella región indefinida, donde ningún contorno rompía la opaca vaguedad. El espectáculo igual de la sombra invariable perpetuaba en mí el estupor del sueño de la muerte.

Había invadido voluntariamente el mundo que comienza en el sepulcro, para ahogar en su seno, como en un mar de olvido, mi lastimado espíritu. Allí detenía el tiempo su reloj y sucumbía la forma en el color funeral. Surgía del oculto abismo la oscuridad, con el sigilo de una tarea tarda y sin rumor, y me arrastraba y tenía a su merced como una voluptuosa deidad. Cautivo de su hechizo letal, erré gran espacio a la ventura, obstinado en la peregrinación extraña y lúgubre. Pero al sentir tras de mí el clamor de la vida, como el de una novia abandonada y amante, volví sobre mis pasos.



de José Antonio Ramos Sucre
Cantos de vacías tinieblas
Página 26 y 27
Colección Caminos del Sur
Serie El Gallo Pelón
Ilistrado por Daniel David Duque Gil
Selección Marjori Lacenere Sánchez 

lunes, 12 de octubre de 2015

PARA TI, CUANDO LO SEPAS...


Con la luz de la mañana recreo mi mente. Recreo mis pensamientos sabiendo que tendré otra oportunidad de vivir junto a ti. No es solo ese instinto de entenderte cada vez que intentas decirme algo, sino también que con tus intensos y alegres ojos mi vida es radiante. Y el calor del amanecer, y el olor del nacimiento de este nuevo y continuo amor, llega a mí una clara posibilidad de comenzar…y entonces comprendo una vez más el sentido de la existencia.

Nunca imaginé estar tan ilusionado a tu lado, volver a sentir la ternura para este nuevo querer. Un momento más contigo es tener la eterna juventud pues, con tus gestos solo puedo decirte cuanto te quiero y, con la constante dedicación hacia ti lograré que me digas cuanto me quieres. Deleitarme contigo es tener de nuevo ese recuerdo juvenil con el cual me contagias y me haces delirar en lo más recóndito de mí ser. Mi alma es más feliz con cada abrazo tuyo, con cada beso tuyo y con qué tan sola salga una sola sílaba con tu voz es suficiente para entender que aunque muera estaré siempre en tus recuerdos, en tu mente y en tu corazón. Ya puedo decir que somos uno, que naciste para mí y que jamás sentirás la antología de negarme, pues todo lo que hago es ahora para ti, y sé que te enorgullecerás de decir que tu eres yo, sin dejar nunca de ser tu.

Cuando duermes a mi lado me doy cuenta que eres un verdadero ángel, mi ángel. Ese ángel con el que todos soñamos, que nunca vemos pero siempre está a nuestro lado, y quizás por eso simplemente nos sentimos felices sin ninguna razón aparente... Ahora ya caminamos agarrado de la mano, sin miedo, cuidándonos, midiendo cada paso que damos como quien tiene temor a caerse, pero con el entusiasmo de querer correr sin detenernos, en momentos como estos, sencillamente pienso cuanto te quiero.

Me emociona cuando estamos en la mesa y acerco a tu boca con devoción y cariño la comida, y me miras, y me sonríes, y sé que estas feliz porque estoy a tu lado. No dices nada pero sé que me quieres, y en ese momento pienso cuanto te quiero. Y el tiempo pasa, y los momentos se hacen eternos, cuanto más tiempo menos tiempo y en aquel tiempo esperare al final del camino labrado el instante en que puedas decirme “te quiero….abuelo” y ese será uno de los momentos más felices de mi vida. Y sabremos definir entonces porque eres mi nieto y yo tu abuelo.

Henry Martínez.-