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viernes, 17 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte II)

Seguí observando para descubrir a esa persona que con misterio intenta mantenerse en el anonimato. Nadie se le acerca, pareciera que no lo miran, se mantiene oculto  como esperando a alguien pero nadie llega. En medio de mi antojosa curiosidad miro hacia mi derecha por un instante para observar si alguien venía por ese sendero y buscando agudizo mi visión no observo nada, solo el pasar de la helada brisa que baila junto a la neblina queriendo apagar los faroles cuales velas que alumbran la habitación de un niño temeroso. A pesar de imaginarme esa figura espectral, mantengo mi mente en esa silueta que todavía no logro descubrir su fisionomía.

Al voltear de nuevo mi mirada no consigo a nadie y  surgen preguntas en mi cabeza…. ¿Se habrá marchado con la persona esperada? ¿Se habrá cansado de esperar y se fue? ¿Se habrá literalmente esfumado…? Aunque me interesaba no le di tampoco mayor importancia pues en medio de que comenzaba la noche, los escalofríos y las malas vibras estaban dándome  mal presagio.


Este clima me hizo recordar que cuando niño me animaba a pensar en cosas divertidas que me habían sucedido durante el día o en días anteriores para no temer acostarme solo en la habitación, porque mis hermanos mayores con quienes la compartía se acostaban más tarde, pues ellos se quedaban viendo películas en la televisión con sus imágenes en blanco y negro y sus tonalidades en variantes grises. Y algunas veces eran esas películas de terror con sus efectos especiales de la época de los años 50´ y 60´ pero que en medio de mi infancia, el miedo infundado y la inocencia de creer todo lo que te dicen, me causaban un pavor horrible esas repetitivas películas. La luz del bombillo de 45 voltios que se emitía desde la sala se colaba entre la cortina que hacía de puerta en la habitación, cosa que era peor que cuando se iba la luz del barrio y todo quedaba en penumbra.

Cerraba los ojos al mismo tiempo que me arropaba con la sábana, pero instintivamente se habrían poco a poco y comenzaba mi periplo por cada espacio de la habitación. Veía en la pared sombra con figuras tétricas que se movían parecidas a Frankenstein queriendo acercarse a la cama, un cuadro con un dibujo comenzaba a aparecerse a Drácula saliendo del mismo recorriendo el cuadro de punta a punta. Los ruidos que debajo de la cama se escuchaban, era de la mano pelúa que se paseando sonando sus dedos de un lado a otro con desespero esperando el momento oportuno para salir en lo que me durmiera. Un tic-tac desde la sala se escuchaba con insistencia para agonizar mas mi desespero. De pronto escuchaba un RAAAZ! y me tapaba la cara sin dejar de mirar a través de la sábana esperando la mano de una bruja, de las que se comentaba salían en la noche cuando todos estábamos durmiendo y se posaban en el techo y sus pisadas nos despertaban con un brinco seco.

Al final descubría que el sonido era el de la cortina que rozaba con el tubo que la sostenía con un clavo en cada punta pegado a la pared, y mis hermanos entrando a la habitación riendo. Al ver que aun estaba despierto me decían..."tas asustao, tienes miedo y eso que todavía falta el aullido del hombre lobo por que hoy es luna llena" yo pensaba que mi vida se acababa esa noche y mi mamá no estaba para salvarme...

Continuará...

Henry Martínez.- 

viernes, 19 de febrero de 2016

(LOS MENSAJES DE) HERMES TRITÓN

En un tugurio del pueblo de baruta, más o menos a las diez de la noche, permanece absolutamente solo en una esquina un hombre solitario y de piel marrón, aferrado a una botella musitando incomprensiones. En el bolsillo trasero de su pantalón lleva enrollada una gaceta y un bolígrafo azul. Alrededor de esa esquina se apretujan algunos borrachos en contra de las otras mesas y el mostrador. El primitivo y maloliente alborozo del final de la tarde casi está extinto ahora, con charcos de barro y cerveza entre las sillas, infinidad de chapas a lo largo del piso configurando laberintos para las cucarachas. Muchos pies tambaleantes y escupitajos. La música ha disminuido su estridencia hasta convertirse en un murmullo agitado y caluroso.


Los portugueses detrás del mostrador se disponen a cerrar; pasan el sucio y sempiterno trapito encima de la barra una y otra vez, hasta cebar la superficie con una inmaculada capa de grasa.

El hombre de la esquina parece estar medio borracho, pero 
completamente ensimismado en algún tormentoso pensamiento. Sus ojos amarillentos transpiran la consternación. Sostiene con ambas manos la botella y le da vueltas en sus dedos febriles, como buscando algo. Hasta hace minutos estuvo escribiendo sin parar en los márgenes de la gaceta: frases, números, formulas químicas y alquímicas -me refiero a símbolos y anotaciones astrales, nombres de hierbas-. Y durante la tarde estuvo también en eso en en metrobus. Lleva días escuchando algo, en las noticias. Presiente que puede descifrarlo.

No obstante, las últimas horas han sido febriles. Su mente está agotada del solo intento de mantener un cauce de pensamientos. Por lo cual ha estado escribiendo en los márgenes de la gaceta. 
Ciertas fórmulas, se ha dicho. Pero también garabatos de todas las especies, de tal manera que quien abre ese cuaderno se consigue con lo que parecen ser las anotaciones de un poseso.

Tiempo después este hombre desaparecería, y en nosotros quedarían los registros de su obsesión. Al salir de aquella cueva se encontraría de pronto en una esquina gris del pueblo de baruta. El estruendo repentino del camión de la basura no alcanza a sobresaltarlo, se hunde el ruido en un pozo de silencio que nace en la boca de su estómago. Siente náuseas, pero se incorpora. Debe llegar a salvo -como que recuerda. ¿Adónde?

Tambaleante, se escabulle detrás de un poste, hacia un callejón, como una lagartija en un planeta desconocido.

De Jesús Torres, creador del blog scorpionmeat.blogspot.com/