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lunes, 28 de mayo de 2018

VOCES (5ta. y última)


La verdad cierne a mí como un rayo en las tormentas de invierno, como los rayos del Monte Olimpo o como las del Catatumbo. Debo dejar de preocuparme, debo dejar de escuchar y pensar en situaciones que aunque me debe de concernir no debe ser tema de angustias. Las angustias y preocupaciones me llevan a la ansiedad que se refleja en mi estómago y hace parecer como si necesitara comer a pesar de que haya comido pocos momentos antes.

Pensar en esto me ha calmado, ya no siento estos alti-bajos en la boca del estómago y mi mente y mis pensamientos han tomado otro rumbo dentro de mi existencia. Comer es una necesidad pero el hambre es un estado de conciencia que se puede dominar , o en caso contrario el hambre dominará el cuerpo y la mente. Entiendo ahora como he sido dominado, o no se decir si hipnotizado por provocadores de oficio. 

La vida vuelve a mis pasos en la toma de decisiones para forjar mi destino y ahora más que nunca estoy en la capacidad de oír sólo lo que me fortalece sin menos preciar a los menos afortunado que yo. Mi espíritu se enaltece al ver como he podido resolver  mi problema que iba camino a convertir en una enfermedad, y que posterior a eso desembocaría  en gastos que afectaría más mi salud al ver de cómo mis recursos diezman y de cómo mis familiares y amigos también sucumben tras de mí por tantas preocupaciones innecesarias.

El mar retrocede siempre a sus lineas después de intentar destronas a las orillas que le rodean. Así mismo estoy haciendo retroceder desde mi sitio todo lo que hasta este momento me ha estado afectando.

Fin...

Henry Matínez.-

sábado, 19 de mayo de 2018

VOCES (4ta parte)

Luego de una jornada de trabajo, y sin dejar de sentir esa hambre que ha acompañado en los últimos meses, voy camino a mi apartamento pensando que podría ingeniarme para comer algo antes de la cena. Pensando también en meterme dentro de las paredes del baño para intentar de dejar mi subconsciente, dejar de escuchar esas voces que atormentan mi estomago.

Al bajar del autobús apretujado de voces altas y baja, de voces detrás y delante de mí, camino apresurado a alcanzar la puerta de entrada al edificio intentando dejando atrás las voces que me persiguen desde hace unos meses en cada mañana que me levanto.

Subiendo las escalinatas miro hacia atrás y no veo a nadie subir pero escucho voces, ya no puedo distinguir entre lo que es una voz real y la de mi cabeza. Intento no ponerle mucha atención para seguir adelante, pero lo claro e irresistible de esas voces me ponen atento. Entro al apartamento y enciendo la tele, y las noticias son sobre el hambre de la gente en mi país pero no dicen nada sobre el hambre del mundo que es mayor, y pasan imágenes de algún sector como refiriéndose a lo mismo en cada rincón. Pero lo que más me intriga es que el proceso del hambre es en mi mismo un producto de escuchar esa palabra a cada instante y aunque teniendo comida disponible en mi nevera y en mi alacena pienso en eso como un problema que nos afecta a cada uno por igual. 

Al punto descubierto, tengo que darle una solución para poder salir de ésta antes que me produzca un enfermedad y llegar a padecer de gula...

Continuará...

Henry Martínez.-  

jueves, 26 de enero de 2017

VOCES (2da. Parte)

Luego de revisar la nevera y un par de ollas en la cocina, me senté a comer algunas cosas que logré recolectar entre arroz, pan, pollo y salsas... solo para calmar el hambre que me sacó de la cama. media hora después, me estaba cepillando los dientes para ir de nuevo a recostarme e intentar dormir esta vez sin pesadilla ya que tenía que levantarme como a las seis y algo de la mañana para trabajar.

El despertador sonó con un ruido que me pareció espantoso, pues recordé la pesadilla que había tenido. Me levanto un poco exaltado, pero reacciono con calma al mirar la luz del sol iluminar la habitación. Me incorporo con premura  para realizar mi jornada diaria antes de salir de la casa para trabajar a media hora de donde vivo. Jornada que se ha convertido en una especie doctrina ligado con un ballet mal practicado, ya que voy dando tumbos por toda la casa mientras intento vestirme, arreglar y desayunar casi todo al mismo tiempo.

Mientras hago todo esto, escucho las noticias de la radio... entre las informaciones política, de sucesos y de espectáculos, también están las que nos dicen de gente pasando hambre.

Salgo ya listo a la calle a tomar el transporte público, donde nos conseguimos todos los que buscamos llegar al trabajo. Entre conocidos y desconocidos vamos en la misma tónica. A los que van conversando, logro escuchar a varios hablar sobre comida, y aunque voy de pie, mirando a la calle por la ventanilla  y pensando en mis asuntos no puedo dejar de escuchar las charlas que de vez en cuanto se sube de tono entre el ruido del motor del colectivo.

Henry Martínez.-


sábado, 22 de octubre de 2016

NADA MÁS (Cuarta Parte)

Sale de la cocina subiendo su franela de tela delgada de algodón, la saca por su cabeza un poco despeinada pero esta vez no de violencia. La deja deslizar por sus delgados brazos y la deja caer en el suelo de la cocina ya cerca de la puerta. Camina unos pasos más y se desabrocha el short para dejarlos caer también, pero estos se quedan a mitad del pasillo mientras sigue rumbo al baño.

Desliza la cortina para poder alcanzar la llave del agua caliente de la regadera, en espera del tiempo en que sale el agua ella termina de quitarse la ropa interior, primero el brasier y luego el blúmer. No levanta la mirada y esquiva de nuevo el espejo, se mete a la ducha y apoyando ambas manos en la pared mientras deja caer el agua aun entibiándose sobre su cabeza.

Quería sentirse libre, pero aun estando desnuda no consigue desnudar su alma que sigue presa en los recuerdos de su pasado tormentoso, siguiendo los pasos de ejemplos matriarcales nada razonables, y que nunca se les hizo racional.

Deja que caiga directamente el agua en su rostro esperando relajar las expresiones que marcan su cara y que reflejan los rastros de tristezas y penas que embargan su existencia.

Se voltea para así sentir correr ese preciado líquido por su espalda, también siente el frescor que alivia ciertos dolores ocasionados por las situaciones vividas y que dejaron sus huellas marcas de manera imborrable, no sólo en el cuerpo sino que pasó a formar parte de su ya debilitada estima.

Cada vez que pasa sus manos por esos estigmas, que aparecen cada vez que vuelve a caer en las manos y en las palabras cuando aparece la sombra del pasado, se recuerda a sí misma que no volverá a pasar. Decidida a que eso sea así toma la toalla y seca con cuidado su cuerpo para empezar a fortalecer las ganas de vivir. No más momentos de peligros en su vida, no más respiros apresurados al ver la hora y que las cosas no estén donde deben estar con la comida lista y caliente en la mesa a esperar con una falsa sonrisa, la aprobación de que todo está bien y respirar aliviada porque puede ser que esa noche duerma un poco más tranquila.

Sale del baño para dirigirse a la habitación a vestirse con la idea de cambiar todo de su lugar, a colocar cada objeto que adorna su casa a su gusto, a sentirse libre de elegir por primera vez, a comenzar a amar verdaderamente su vida por sobre todo, a respetarse y hacerse respetar, a amar libremente cada cosa que quiera y desee sin la necesidad de aprobación más que la de ella misma.


No quiera nada más que sentirse libre por primera vez, fuera del sometimiento familiar, fuera de la mirada inquisidora de la pareja. Quiere decidir por sí misma, tener vida propia. Ya es la habitación comienza a vestirse con ropa elegida al azar con la intención de concluir esta etapa de su vida…

Continua...

Henry Martínez.-

sábado, 8 de octubre de 2016

NADA MÁS (Tercera Parte)

La cocina está solo a unos pasos al salir del baño, camina y al entrar apoya una de sus manos en el mostrador suavemente, mira alrededor para ver que puede cocinar sin que se le estime mucho tiempo… ni mucho esfuerzo. Procura ideal una comida sana y rápida pero sobre todo que le alivié las penas de la vida.

Su agotado sentido la invita a tomarse un té de lo que sea, le gustaría tener una compañía a su lado para compartirlo y conversar amenamente pero a estas alturas la soledad le conviene más para mirarla frente a frente sin temor.

El en primer sorbo de té, aun algo caliente le sabe a gloria, siente como el líquido llega a su estómago y calma de a poco sus ansias convertidas en estrés. Posa con calma la tasa en el mostrador para pensar cómo será su vida de ahora en adelante y a qué, aparte de a ella misma, deberá enfrentarse para salir del abismo en que fue llevada su existencia con la aprobación pasiva de su crianza, la aceptación inclinada hacia el amor y  la conformidad producida por el miedo infundido.

Aún sigue sin comer, con el segundo sorbo de té consigue calmar más el nerviosismo involuntario pero no así la solución a sus problemas que no sabe si terminaron o acaban de empezar.

Deja la taza a un lado parcialmente lleno, y coloca los pies descalzo en el piso frío, intenta no llorar pues decidió ser fuerte ante la adversidad. Camina hacia la ventana para que la luz del sol la llene de energías. Ya frente al ventanal, siente el calor traspasar el vidrio que evita que entre el ruido y recuerda que ese mismo vidrio… también evita que salga. Reposa su mejilla izquierda sobre sobre el vidrio de la ventana y siente como se le engatilla el estómago,  suspira profundamente para dejar salir el llanto el silencio, sin lágrimas, sin dolor.


Intenta despejar el panorama mental, alza el rostro al mismo tiempo que cierra los ojos y la luz del sol le llena de claridad su tez facial, siente una paz interna que la revitaliza. Ya no quiere recordar más, definitivamente no recordará más, pero eso para ella no debe significar olvidar.

Continuará...

Henry Martínez.-

jueves, 29 de septiembre de 2016

NADA MAS (Segunda parte)

De regreso a la cocina pasa por el baño del pasillo para lavarse la cara un poco. Frente al lavamanos posa su espíritu esperando a ver si ya se puede incorporar a su cuerpo, abre el grifo para escuchar   caer el agua dentro del recipiente de cerámica y sentir un poco de libertad. Aun no se puede reponer de algunas formas de lucha que revolotean en su cabeza y que no se disipan fácilmente como ella lo desea. Sabe que tiene al frente un espejo pero no levanta la mirada para verse  y encontrarse con ella misma porque seguro recibirá un fuerte reclamo desde el espejo que la desanimará más de lo que ya está.

Mientras siente el frescor del agua mojar su rostro, piensa en lo agradable que es abrigar una caricia, dulce, suave, tierna y llena de amor.

En los tiempos en que las mariposas aun volaban en su mente ella intenta recrear en lo que creía, en esos momentos que la felicidad era el fin último. Vivir la aventura de encontrar el amor, la vida idealizada desde los tiempos remotos y que ha transcendido hasta nuestros días en la mente de muchos de nosotros. Que la felicidad sea nuestra gloria eterna… eso nos lo han inculcado como norma infinita sin instrucciones previas.

Seca el rostro con cuidado de no lastimarse más de lo que ya se encuentra, la dura batalla ha dejado el pasto seco en el campo donde la beligerancia cobró las victimas que se enfilaban a la esperanza de vivir en el paraíso de su espíritu. En ese mundo ideado sólo para uno mismo sin permiso de los demás. Viajar a ese mundo es viajar con zapatos de plomo, es un viaje tan pesado que muchos desisten y se quedan en cualquier mundo que se consiguen en el camino embarcándose hacia un destino incierto donde el único perjudicado sería su alma.

Ella vuelve en sí después de este viaje mental. Seca sus ojos pero no del agua con que se roció en el rostro, si no de unas lágrimas que se confundieron en sus mejillas húmedas.

Intenta reponerse de una vez por todas pero su espíritu aún no se incorpora. Sale del baño con intenciones de ir a la cocina pero teniendo que arrastras su peso para llegar hasta allá.

Continuará...

Henry Martínez.-

viernes, 29 de julio de 2016

REFLEXIÓN ANTE LA MUERTE DE UN SER

Cuando alguien querido (familiar o amigo) se muere -indiferentemente cual haya sino la causa- lloramos desconsoladamente en la mayoría de los casos. Nos recordamos y/o escuchamos  casi siempre de sus últimos momentos en vida; que si lo vi ayer en la tarde y me dijo tal cosa; que si pasó por aquí temprano y me saludó con mucho cariño, es que creo que vino a despedirse, y más cosas similares. Pero ¿Qué es lo que lloramos cuando él o ella ya no están físicamente?

En muchos casos vemos a los hombres y a muy pocas mujeres (sin intención de discriminar) mantenerse erguidos ante la muerte de ese ser querido. Lo hacen en la mayoría de los casos para que nos los vean llorar, para que vean lo fuerte que son aunque por dentro se estén destrozados. Pero, seguro no lloran porque han entendido que un hombre o una mujer de carne y hueso, no es exactamente lo que uno conoce de ellos. Esas figuras materiales la reconocemos, que es distinto. Es para nosotros un referente.

Seguro no lloran por que hayan entendido que uno se enamora de la esencia, del ser y lo calificamos como virtud o calidad de gente. Así, como cuando uno cree en un Dios, en una divinidad, no nos importa la forma física, se cree en él sin verlo. Empiezas a conocerlo por las cosas que nos dicen que ha hecho o que ha dicho, que son atribuidas a ese Dios, y hacen que uno se identifique con esos hechos. Comenzamos a quererlo sin saber cómo es, y eso no nos importa. Damos nuestra fe en pensar que algún día estaremos frente a él, en ser su aliado en las cosas que habrá que hacer, lo imitamos tanto en sus acciones cómo en sus palabras. Intentamos seguir sus pasos para que nos acepte en su reino “aunque sea como el último de su siervo”.

Y si pensamos en lo mucho que creemos en un ser supremo ¿Por qué lloramos? Muchos creemos que hay o existe una fuerza que nos mueve a todos, otros, también significantes en números no creen en nada, solo en lo que ven. Lloramos cuando una persona allegada fallece y deja en nosotros un hondo pesar que lamentamos por un tiempo perentorio mientras nos acostumbramos a la ausencia de ese ser querido porque nuestras vidas continúan. ¿Será que no hemos aprendido en tantos millones de años de evolución a entender que no somos lo que se entierre en una fosa, o se incinera en un crematorio, o lo que sea que se haga con el cuerpo según su religión, costumbre o gusto? Repito la pregunta anterior ¿Qué es lo que lloramos o a quién lloramos?

Nos dicen que somos hecho a imagen y semejanza de un Dios (cualquiera sea su existencia cultural) pero no entendemos que sí somos su imagen y semejanza, entonces somos luz, energía, que somos una esencia o un ente, que lo físico no nos identifica pues la carne y la piel envejecen pero seguimos siendo los mismos, con más experiencia y más aprendizajes.

A pesar de saber todo esto, seguimos aferrados a lo material. Seguimos llorando la ausencia física de la persona, y no nos damos cuenta que esas famosas y repetitivas frases de “te recordaré siempre en mi mente y en mi corazón” o “mientras yo viva, vivirás en mi” son precisamente porque lo que sentimos de una persona amada es lo que nos atrae de su ser.

Aunque sé que son dolorosos esos momentos, más por lo que sentimos que por lo pensamos, debemos recordar que somos imagen y semejanzas al Dios que creemos. Pero como nos infunden la vida sólo de lo material como posesión preciada, incluyendo al hombre y a la mujer en términos de propiedad. Así mismo lo hacemos con el Dios, que lo asemejamos a nosotros y le damos la imagen según nuestra cultura y raza.

Cuando entendamos de una vez, que la vida es la que dejamos y no nos la llevamos… entonces dejaremos de llorar ante la muerte. 

viernes, 22 de julio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Final-Final)

La puerta de vidrio que da a la calle principal se abra automáticamente al medio detenerme frente a ella, salgo forzando las hojas de la puerta con la mirada puesta hacía los postes, pero la luz intensa del lobby de la recepción me impide ver con nitidez, me toma unos segundos enfocar las imágenes que están frente a mí.

Camino apresurado intentando dar unos pasos casi trotando sin dejar de mirar a los dos primeros postes que están cerca. Me detengo dando unos pasos de más y camino con más calma y miro, ahora desde la calle donde la visión es distinta a cuando estaba allá arriba en mi balcón.

Y ahí estaban, los dos seres que no sabía a ciencia cierta si se estaban abrazando o él la aprisionaba queriendo asfixiarla. Avancé hacía ellos poco a poco para saber bien que estaba sucediendo, y continúo dando pasos cortos casi imperceptibles, me acerco y la luz que pega del piso rebota con más luminosidad hacia ambas figuras. Ahora las veo con más claridad…

El viento helado corre entre mis manos y mis orejas comienzan a congelarse, y mientras comienzo a frotármelas con el calor que intento sacar de mi boca, escucho la voz triste: te estuve esperando todo el otoño y ahora que llegas debo despedirme en el poco tiempo que me queda…
.- Mi paso también será por poco tiempo, tú lo sabes.
.- Si, pero yo siempre espero tu llegada para despedirme ya que no puedo irme sin verte antes…
.- Jamás me he acostumbrado a estos encuentros fugaces.
.-  No podemos hacer más…
.- La maldición de nuestro amor no la romperemos jamás, pero siempre vendré unos días antes que te marchas para luego quedar en solitario.
.- Abrázame fríamente con el calor de tu amor…
.- Te amo aunque me sientas frío, te amo aunque nos volvamos distantes, pero estos pocos días son suficiente para soportar el tiempo en que vuelva a verte.
.- El viento ya viene por mí, tu llegada le avisa que debe pasar a buscarme… ¿Nos veremos en la próxima temporada?
.- Seguro, y vendré ansioso como siempre…

Mis lágrimas querían brotar para correr por mis mejillas, al escuchar este dialogo, y cuando pensé en dejarlos solos sopló un viento algo fuerte y en ese momento la pareja se besó tiernamente mientras la brisa levantaba a la mujer que se desvanecía confundiéndose con el frío.


El hombre se quedó cabizbajo recostado del poste. Miré su tristeza al quedarse solo, sentí pena. Metí las manos en mis bolsillos para irme de nuevo a mi apartamento y al dar los primeros pasos comenzó a caer las primeras y pequeñas estrellas de nieve… ha llegado el invierno.

viernes, 15 de julio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte casi Final)

Desaparece la ciudad ante una nube de espesa niebla. Abajo aunque no puedo verla, la ciudad se siente en calma como si uno estuviese en el cielo y fingiera ser el Dios del Olimpo. De nuevo una suave brisa helada hace correr con armonía a la neblina que pasea en mi balcón y  logro ver otra vez la ciudad, logro ver esta calle clarioscura que me infunde tanto miedo.

Comienzo a buscar entre las luces caídas a los pies de los postes y observo que los tacones de los zapatos rojos de la mujer de caminar revelador están juntos a la extraña figura. Pensé que seguro estaba en peligro, que la atracaban en ese momento y por eso estaba detenida junto a él, que podría matarla y nadie lo detendría. La mujer echa unos pasos hacia atrás y regresa a él como si la hubiese halado por los brazos. Pero ella no emite ningún ruido, ¿por qué no grita? Alguien puede ir en su auxilio. Yo tendría un motivo para bajar en su auxilio aunque el miedo me pida que me quede.  

La poca luz no deja ver más que sus zapatos, mi desespero aumenta al pensar que se cometerá un crimen antes mis ojos ¡Dios porqué me habré asomado a este balcón en la noche de hoy! Si sé que mis temores me abrigarían en un clima como este.

Mientras pensaba todo eso estaba abriendo la puerta de mi apartamento, no sé qué momento llegué allí. Un impulso me guiaba por las escaleras hacia abajo, ni tiempo a pensar que podía tomar el ascensor para llegar a planta baja. Mis pies casi rozaban las esquinas de los escalones que tenían un orillo de aluminio plateado. Mis dedos pasaban firme pero suavemente entre los barrotes del pasamano, un intento de sujetarme para frenar mi andar me quisquillaba en la mano pero seguía bajando sin detener el ritmo.


Mi corazón latía con más fuerza, me quería sentir un superhéroe para darme ánimo pero faltando poco para salir a la recepción ya no me sentía tan héroe y menos súper. Pasé por la puerta de emergencia con ímpetu de valentía y camino a pasos agigantados hacía la puerta principal. Un vistazo de reojo me indica que el joven de la recepción ni se inmuta al verme pasar, ya debe de estar acostumbrado a ver pasar a gente con tanta prisa.

Continúa...

Henry Martínez.-

viernes, 8 de julio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte IV)

Ese peligro que siempre nos acompaña desde que nacemos y que nunca dejamos de tenerle miedo. Jamás aprendemos a convivir con él, jamás sabemos cuándo se nos pone de frente, nos reta y juega con nuestras habilidades sin previo aviso.

Quizás por eso nos hartamos de él, quizás por eso la mujer de caminar revelador va directo a la sombra que veo desde mi balcón, va directo hacia los pies que sólo la luz ilumina sin atreverse a subir para descubrir su rostro. Intento voltear por un momento hacia otro lado pero mi mente aún continúa siguiendo los pasos de la mujer que camina como dice la canción "Perla Negra" de Yordano "... de pinto a miseria, sin mirar atrás"

Intenté entrar al apartamento con la excusa del frío de la noche, caminé hacía la nevera para tomar un vaso con agua pero enseguida volví al balcón como de manera automática aunque mi pensar era ir a la cama. Y en vez de eso apuré el paso para ver si podía llegar antes que la mujer se topara con no sé quién, que se ocultaba a la media sombra que dan los postes, impávido, inmutable. El trago de agua pasa lentamente por mi garganta. Parecía espeso, pero es por el suspenso al irme acercando a las rejas del balcón.

Al estar cerca de la reja que soporta mi peso al inclinarme, mi deseo era no ver a nadie abajo, deseaba que la mujer ya hubiese pasado o que los pies de zapatos negros estridentemente pulidos no estuvieran iluminados por esa luz fría del poste.

Me inclino hacia la calle con la esperanza de no ver a nadie, tanto porque mi mente juega con las supuestas intenciones entre las otras personas de manera especulativa, tanto como ese deseo de todo ser humano de saber qué pasó y con lo que posiblemente no tendría una respuesta fiable. En este caso, el de la mujer que se acerca a esa imagen que para mí era espectral.

Miro, y calle abajo no se ve nada. Volteo calle arriba y tampoco veo nada, y a lo lejos se asoma la bruma entre hollín y niebla que da un aspecto gris oscuro que sube y se acerca haciendo casi imposible la visibilidad.


La calle se desaparecía levemente ante mis ojos al punto de que la neblina estaba a la altura del mi balcón invitándome a caminar sobre ella.

Continuará...

Henry Martínez.-


viernes, 24 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte III)


Me sorprendí a mi mismo mirando al vacío desde el balcón, y en medio de ese recuerdo de mi infancia volví a sentir la brisa que congelaba toda la ciudad haciendo de la soledad en las calles un lugar nada agradable. La calzada del edificio se tiñe de grises, color tristeza y miedo.

Miro nuevamente a los sitios donde las luces de los faroles me dejan divisar. Con asombro, dos postes mas allá de donde estaba esa figura oscura me parece ver algo parecido, unos zapatos se asoman  entre la opaca luz que no deja ver mas. Una mujer pasa dejando ver su cuerpo de forma intermitente entre los espacios iluminados y que se pierde su andar en la oscuridad. Cada vez mas cerca, no tengo la manera de avisarle que alguien está en su camino. Pienso en bajar pero de igual forma no llegaría a tiempo a lo que supongo que ella va directo al peligro. Pero continúa...y luego pienso que puede ser la persona que está esperando.

Continuará...

Henry Martínez.-   

viernes, 17 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte II)

Seguí observando para descubrir a esa persona que con misterio intenta mantenerse en el anonimato. Nadie se le acerca, pareciera que no lo miran, se mantiene oculto  como esperando a alguien pero nadie llega. En medio de mi antojosa curiosidad miro hacia mi derecha por un instante para observar si alguien venía por ese sendero y buscando agudizo mi visión no observo nada, solo el pasar de la helada brisa que baila junto a la neblina queriendo apagar los faroles cuales velas que alumbran la habitación de un niño temeroso. A pesar de imaginarme esa figura espectral, mantengo mi mente en esa silueta que todavía no logro descubrir su fisionomía.

Al voltear de nuevo mi mirada no consigo a nadie y  surgen preguntas en mi cabeza…. ¿Se habrá marchado con la persona esperada? ¿Se habrá cansado de esperar y se fue? ¿Se habrá literalmente esfumado…? Aunque me interesaba no le di tampoco mayor importancia pues en medio de que comenzaba la noche, los escalofríos y las malas vibras estaban dándome  mal presagio.


Este clima me hizo recordar que cuando niño me animaba a pensar en cosas divertidas que me habían sucedido durante el día o en días anteriores para no temer acostarme solo en la habitación, porque mis hermanos mayores con quienes la compartía se acostaban más tarde, pues ellos se quedaban viendo películas en la televisión con sus imágenes en blanco y negro y sus tonalidades en variantes grises. Y algunas veces eran esas películas de terror con sus efectos especiales de la época de los años 50´ y 60´ pero que en medio de mi infancia, el miedo infundado y la inocencia de creer todo lo que te dicen, me causaban un pavor horrible esas repetitivas películas. La luz del bombillo de 45 voltios que se emitía desde la sala se colaba entre la cortina que hacía de puerta en la habitación, cosa que era peor que cuando se iba la luz del barrio y todo quedaba en penumbra.

Cerraba los ojos al mismo tiempo que me arropaba con la sábana, pero instintivamente se habrían poco a poco y comenzaba mi periplo por cada espacio de la habitación. Veía en la pared sombra con figuras tétricas que se movían parecidas a Frankenstein queriendo acercarse a la cama, un cuadro con un dibujo comenzaba a aparecerse a Drácula saliendo del mismo recorriendo el cuadro de punta a punta. Los ruidos que debajo de la cama se escuchaban, era de la mano pelúa que se paseando sonando sus dedos de un lado a otro con desespero esperando el momento oportuno para salir en lo que me durmiera. Un tic-tac desde la sala se escuchaba con insistencia para agonizar mas mi desespero. De pronto escuchaba un RAAAZ! y me tapaba la cara sin dejar de mirar a través de la sábana esperando la mano de una bruja, de las que se comentaba salían en la noche cuando todos estábamos durmiendo y se posaban en el techo y sus pisadas nos despertaban con un brinco seco.

Al final descubría que el sonido era el de la cortina que rozaba con el tubo que la sostenía con un clavo en cada punta pegado a la pared, y mis hermanos entrando a la habitación riendo. Al ver que aun estaba despierto me decían..."tas asustao, tienes miedo y eso que todavía falta el aullido del hombre lobo por que hoy es luna llena" yo pensaba que mi vida se acababa esa noche y mi mamá no estaba para salvarme...

Continuará...

Henry Martínez.- 

viernes, 10 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA

La ciudad se torna gris con el paso de las horas, y por el balcón del apartamento veo como la gente camina tocándose sin sentirse, comunicándose con personas tan distantes sin tomar en cuenta del que está al frente. veo como los edificios despiden al sol con indiferencia, y ante la prominente oscuridad las múltiples miradas arrojadas en la calle continúan observándose en el vacío de sus almas pero al mismo tiempo acostumbrando sus ojos a la tenue luz de algunos faroles que con esfuerzo intentan ganarle espacio a la penumbra que se avecina sobre sus cabezas en medio del bullicio de las aceras.

Observo desde mi balcón como se va perdiendo la esencia de la fe en el otro por que cada no va a lo suyo, está en lo suyo, no hay pasión por el cumplimiento, por la ayuda, por el amor. Observo rostros de desgano hasta con los más cercanos. De gente qué sintiéndose menos miran a otros con desprecio.

Sigo mirando, veo a algunos que aunque estén sentados se le va pasando sus vidas, sus días y sus sueños que ya cogieron otros rumbos...y otros que van pasando están dejando atrás sus vidas arrastrados por el deseo de los logros no alcanzados.

Miro por encima de mí y siento que nada cae del cielo. Sólo un bruma que entristece el espíritu de los seres, baja sin discriminar a nadie y los hace caminar apesadumbrados...limbo es su camino y trágico su padecer. Ademas de estar pensando en una idea que está acompañada de la fatalidad de su fracaso, un hombre camina lastrando sus penas y a su desdeñado perro que alza la mirada agónica para encontrarse con la misma expresión en la mirada de su dueño.

Y en mi continuo paseo visual por esta ciudad plagada expectativas góticas pero de una realidad trágica, surge del medio de los colores opacos del asfalto y la acera una figura que cubre su aspecto entre la sombra de la noche y la poca luz de un poste...

Continuará...

Henry Martínez.-

sábado, 4 de junio de 2016

EL CANTO DE LA NOCHE

Es de noche: a esta hora hablan mas fuertes todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial.
Es de noche: sólo a esta hora despiertan las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de los amantes.
Hay en mí algo insatisfecho, algo insaciable, que quiere hablar. Hay en mí un ansia de amor, que habla así mismo el lenguaje de amor.
Luz soy: ¡hay si fuera noche! Mas ésa es mi soledad, estar circundado de luz.
¡Ay, si fuera yo noche y oscuridad! ¡Como iba a sorber de los pechos de la luz!
¡Aun a vosotras os bendeciría, pequeñas estrellas centelleantes, luciérnagas del cielo! Vuestros regalos de luz me darían la dicha.
Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí las llamas que de mi brotan.
Desconozco la felicidad de quien recibe: con frecuencia he soñado que el robar debe ser mas deleitoso que el aceptar.
En eso está mi pobreza: mi mano nunca descansa de dar. Esta es mi envidia: ver ojos que aguardan con avidez y noches en vela de anhelo.
¡Malaventurados los que dais! ¡Oh, eclipses de mi sol! ¡Oh, anhelo de anhelar! ¡Oh, hambre devoradora dentro de mi hartura!
Ellos toman de mí. Pero ¿toco yo siquiera su alma? Entre el dar y aceptar media un abismo: el abismo mas pequeño es el mas difícil de salvar.
De mi belleza brota un hambre: yo quisiera dañar a aquellos a quienes ilumino, y robar a aquellos a quienes colmo de regalos. ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Retirar mi mano cuando ya otra se ha extendido hacia ella, vacilar como la cascada antes de despeñarse.- ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Tal venganza imagina mi plenitud, tal maldad incuba mi maldad.
¡Mi gozo de dar murió, a fuerza de dar! ¡Mi virtud se cansó de sí misma por su misma exuberancia!
Quien siempre regala, está expuesto hasta perder el pudor: a quien siempre distribuye, la mano y el corazón se le encallece de tanto repartir.
Mis ojos no se inundan ya de lágrimas ante la vergüenza de los que piden: mi mano se ha endurecido, ya no sienten el temblor de las manos llenas.
¿Adonde fueron las lágrimas de mis ojos y la gala de mi corazón? ¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!
Muchos soles giran en los espacios vacíos: a todo lo que es oscuro le hablan con su luz contra lo que brillan - para mí, callan.
¡Ay, así es la enemistad de la luz contra lo que brillan: despiadada sigue su camino!
Injusto en lo más hondo de su corazón contra cuanto brilla, frío con los soles: así caminan todos los soles.
Semejantes a huracanes, vuelan los soles por sus órbitas. Siguen en su voluntad inexorables: ésa es su frialdad.
¡Ay, solamente vosotros, los oscuros y nocturnos, extraéis calor de los que brillan, solamente vosotros bebéis la leche y consuelo de las ubres de la luz.
¡Ay, hielo me rodea, hielo abraza mi mano! ¡Ay, en mí hay sed, que desfallece por vuestra sed!
Es de noche: ¡Ay, que yo tenga que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. - Hablar es lo que deseo.
Es de noche: a esta hora hablan mas fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina.
Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.

Así habló Zarathustra.

Extracto del libro:
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (1883), de Friedrich Nietzsche (1844-1900), página 96-97 de la editorial La Oveja Negra, 1984.  

viernes, 19 de febrero de 2016

(LOS MENSAJES DE) HERMES TRITÓN

En un tugurio del pueblo de baruta, más o menos a las diez de la noche, permanece absolutamente solo en una esquina un hombre solitario y de piel marrón, aferrado a una botella musitando incomprensiones. En el bolsillo trasero de su pantalón lleva enrollada una gaceta y un bolígrafo azul. Alrededor de esa esquina se apretujan algunos borrachos en contra de las otras mesas y el mostrador. El primitivo y maloliente alborozo del final de la tarde casi está extinto ahora, con charcos de barro y cerveza entre las sillas, infinidad de chapas a lo largo del piso configurando laberintos para las cucarachas. Muchos pies tambaleantes y escupitajos. La música ha disminuido su estridencia hasta convertirse en un murmullo agitado y caluroso.


Los portugueses detrás del mostrador se disponen a cerrar; pasan el sucio y sempiterno trapito encima de la barra una y otra vez, hasta cebar la superficie con una inmaculada capa de grasa.

El hombre de la esquina parece estar medio borracho, pero 
completamente ensimismado en algún tormentoso pensamiento. Sus ojos amarillentos transpiran la consternación. Sostiene con ambas manos la botella y le da vueltas en sus dedos febriles, como buscando algo. Hasta hace minutos estuvo escribiendo sin parar en los márgenes de la gaceta: frases, números, formulas químicas y alquímicas -me refiero a símbolos y anotaciones astrales, nombres de hierbas-. Y durante la tarde estuvo también en eso en en metrobus. Lleva días escuchando algo, en las noticias. Presiente que puede descifrarlo.

No obstante, las últimas horas han sido febriles. Su mente está agotada del solo intento de mantener un cauce de pensamientos. Por lo cual ha estado escribiendo en los márgenes de la gaceta. 
Ciertas fórmulas, se ha dicho. Pero también garabatos de todas las especies, de tal manera que quien abre ese cuaderno se consigue con lo que parecen ser las anotaciones de un poseso.

Tiempo después este hombre desaparecería, y en nosotros quedarían los registros de su obsesión. Al salir de aquella cueva se encontraría de pronto en una esquina gris del pueblo de baruta. El estruendo repentino del camión de la basura no alcanza a sobresaltarlo, se hunde el ruido en un pozo de silencio que nace en la boca de su estómago. Siente náuseas, pero se incorpora. Debe llegar a salvo -como que recuerda. ¿Adónde?

Tambaleante, se escabulle detrás de un poste, hacia un callejón, como una lagartija en un planeta desconocido.

De Jesús Torres, creador del blog scorpionmeat.blogspot.com/

jueves, 22 de octubre de 2015

RETORNO

Para entrar en el reino de la muerte avancé por el pórtico de bronce que interrumpía las murallas siniestras. Sobre ellas descansaba perpetuamente la sombra como un monstruo vigilante. Extendíase dentro del recinto un espacio temeroso y oscuro, e imperaba un frío glacial que venía de muy lejos. Era el suelo bajo mis pies como una torpe alfombra, y sobre él avanzaba lentamente suspendida por alas invisibles. El pasmo de la eternidad se revela en augusto silencio, comparable a la calma que rodea el concierto de los astros distantes. Con él crecía el misterio en aquella región indefinida, donde ningún contorno rompía la opaca vaguedad. El espectáculo igual de la sombra invariable perpetuaba en mí el estupor del sueño de la muerte.

Había invadido voluntariamente el mundo que comienza en el sepulcro, para ahogar en su seno, como en un mar de olvido, mi lastimado espíritu. Allí detenía el tiempo su reloj y sucumbía la forma en el color funeral. Surgía del oculto abismo la oscuridad, con el sigilo de una tarea tarda y sin rumor, y me arrastraba y tenía a su merced como una voluptuosa deidad. Cautivo de su hechizo letal, erré gran espacio a la ventura, obstinado en la peregrinación extraña y lúgubre. Pero al sentir tras de mí el clamor de la vida, como el de una novia abandonada y amante, volví sobre mis pasos.



de José Antonio Ramos Sucre
Cantos de vacías tinieblas
Página 26 y 27
Colección Caminos del Sur
Serie El Gallo Pelón
Ilistrado por Daniel David Duque Gil
Selección Marjori Lacenere Sánchez