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sábado, 19 de mayo de 2018

VOCES (4ta parte)

Luego de una jornada de trabajo, y sin dejar de sentir esa hambre que ha acompañado en los últimos meses, voy camino a mi apartamento pensando que podría ingeniarme para comer algo antes de la cena. Pensando también en meterme dentro de las paredes del baño para intentar de dejar mi subconsciente, dejar de escuchar esas voces que atormentan mi estomago.

Al bajar del autobús apretujado de voces altas y baja, de voces detrás y delante de mí, camino apresurado a alcanzar la puerta de entrada al edificio intentando dejando atrás las voces que me persiguen desde hace unos meses en cada mañana que me levanto.

Subiendo las escalinatas miro hacia atrás y no veo a nadie subir pero escucho voces, ya no puedo distinguir entre lo que es una voz real y la de mi cabeza. Intento no ponerle mucha atención para seguir adelante, pero lo claro e irresistible de esas voces me ponen atento. Entro al apartamento y enciendo la tele, y las noticias son sobre el hambre de la gente en mi país pero no dicen nada sobre el hambre del mundo que es mayor, y pasan imágenes de algún sector como refiriéndose a lo mismo en cada rincón. Pero lo que más me intriga es que el proceso del hambre es en mi mismo un producto de escuchar esa palabra a cada instante y aunque teniendo comida disponible en mi nevera y en mi alacena pienso en eso como un problema que nos afecta a cada uno por igual. 

Al punto descubierto, tengo que darle una solución para poder salir de ésta antes que me produzca un enfermedad y llegar a padecer de gula...

Continuará...

Henry Martínez.-  

lunes, 9 de abril de 2018

OTRO REGRESO...

Por circuntancias ajenas a mi voluntad (que para mí es inquebrantable) había dejado de escribir en estos espacios de vital desahogo mental. Espacio donde logro plasmar un sin  fin de ideas que participan en mi vida cada día y que en algunas ocaciones no tengo papel y lapiz a la mano para por lo menos dejar algún rastro de aquella idea que pasa por mi mente en instante y que en muchas ocaciones desaparecen por la llegada de otra que se sobre pone a ella.

Espero que en los tiempos por venir no interrumpir lo que tengo en planes. Su acompañamiento y comentarios de estos escritos son de suma importancia para mí.








Caracas, 09 de Abril 2018
Henry Martínez.-


jueves, 29 de septiembre de 2016

NADA MAS (Segunda parte)

De regreso a la cocina pasa por el baño del pasillo para lavarse la cara un poco. Frente al lavamanos posa su espíritu esperando a ver si ya se puede incorporar a su cuerpo, abre el grifo para escuchar   caer el agua dentro del recipiente de cerámica y sentir un poco de libertad. Aun no se puede reponer de algunas formas de lucha que revolotean en su cabeza y que no se disipan fácilmente como ella lo desea. Sabe que tiene al frente un espejo pero no levanta la mirada para verse  y encontrarse con ella misma porque seguro recibirá un fuerte reclamo desde el espejo que la desanimará más de lo que ya está.

Mientras siente el frescor del agua mojar su rostro, piensa en lo agradable que es abrigar una caricia, dulce, suave, tierna y llena de amor.

En los tiempos en que las mariposas aun volaban en su mente ella intenta recrear en lo que creía, en esos momentos que la felicidad era el fin último. Vivir la aventura de encontrar el amor, la vida idealizada desde los tiempos remotos y que ha transcendido hasta nuestros días en la mente de muchos de nosotros. Que la felicidad sea nuestra gloria eterna… eso nos lo han inculcado como norma infinita sin instrucciones previas.

Seca el rostro con cuidado de no lastimarse más de lo que ya se encuentra, la dura batalla ha dejado el pasto seco en el campo donde la beligerancia cobró las victimas que se enfilaban a la esperanza de vivir en el paraíso de su espíritu. En ese mundo ideado sólo para uno mismo sin permiso de los demás. Viajar a ese mundo es viajar con zapatos de plomo, es un viaje tan pesado que muchos desisten y se quedan en cualquier mundo que se consiguen en el camino embarcándose hacia un destino incierto donde el único perjudicado sería su alma.

Ella vuelve en sí después de este viaje mental. Seca sus ojos pero no del agua con que se roció en el rostro, si no de unas lágrimas que se confundieron en sus mejillas húmedas.

Intenta reponerse de una vez por todas pero su espíritu aún no se incorpora. Sale del baño con intenciones de ir a la cocina pero teniendo que arrastras su peso para llegar hasta allá.

Continuará...

Henry Martínez.-

sábado, 27 de agosto de 2016

NADA MAS (Primera Parte)

Queriendo recuperarse de las heridas infringidas, la bella pero triste mujer busca entre sus pensamientos mientras camina casi sin rumbo por la calle de la ciudad que la lleva a su casa. 

Sube las escaleras del edificio de cuatro pisos, construido en los años 50. Vive en el segundo pero se le hace eterno subir, le parecen unas escaleras sin fin. Toma aire en el primer descanso pero su costilla izquierda le duele un poco, lo que le dificulta para respirar bien. Unas imágenes pasan por sus pensamientos pero prefiere no fijarlos mucho. Su visión no es muy clara pues su ojo un poco hinchado no la deja ver bien cada escalón. Suspira para tener calma entre sus pasos y sus pensamientos, no quiere mas tormentos que terminar de llegar a la puerta de su casa.

Aun piensa en lo que le ha pasado y su interrogante mas grande es saber como pudo llegar a eso, la vida le ha sido dura en todos los sentidos y no le ha dejado tregua en ningún momento. Pasa las escaleras del primer piso recostándose de la pared para no retroceder en su empeño de llegar a su apartamento, aun sigue recordando algunas cosas que  no sabe si olvidarlas o mantenerlas en su mente para no tener que repetirlas en la vida real, tenerlas como de lección de vida y así no caer de nuevo en los mismos errores que le persiguen como un karma imposible de pagar con la penitencia mas ruda que se pueda ofrecer.

Por fin entra a su apartamento después de subir tan solo aproximadamente unos veinte y tantos escalones pero para ella fueron multiplicados por mil. Al encender la luz de la sala lo primero que visualiza es ese cómodo sillón frente al ventanal del balcón, se sienta con desplome y suspira con gran profundidad para luego respirar con mas calma. Ve como la armonía del sol baja al mismo ritmo en que comienza a caer la noche y con esa misma armonía sus ojos también comienzan a cerrarse. 

Y un sueño profundo tomó su alma y su mente, su cuerpo y su espíritu, tomó su ser y su esencia y la llevó a los brazos de Morfeo.

La luz del alba entra por la ventana de la habitación, ilumina cada espacio que va tocando hasta llegar al pie de la cama vacía. Una habitación que una vez estuvo ordenada ahora es un espacio donde reina las ganas de hacer poco. ya el amor ve desde lejos los rincones que una vez fueron para albergar sueños de grandezas.

La puerta de la habitación se abre y un rostro somnoliento echa un vistazo como buscando algo y al mismo tiempo no busca nada, solo observa de un lado a otro y estrujándose los ojos para terminar de despertarse da un paso para entrar pero se devuelve y cierra la puerta, no sin antes volver a echar otro vistazo y bostezar como un símbolo de que nada interesa... 

Continúa...

Henry Martínez.-

lunes, 15 de agosto de 2016

¡¡¡Yujuuu!!! Llegamos a 3.000 mil visitas en este blog, gracias a todos los que nos han leído, visitado, hojeado y a los que han venido de paseo, a los que han llegado por curiosidad y a los que nos han recomendado.

Seguiremos escribiendo cuentos, historias y poemas, seguiremos recomendando libros, películas, blogs, vídeos y mas...

¡MUCHAS GRACIAS A TODOS... !

viernes, 29 de julio de 2016

REFLEXIÓN ANTE LA MUERTE DE UN SER

Cuando alguien querido (familiar o amigo) se muere -indiferentemente cual haya sino la causa- lloramos desconsoladamente en la mayoría de los casos. Nos recordamos y/o escuchamos  casi siempre de sus últimos momentos en vida; que si lo vi ayer en la tarde y me dijo tal cosa; que si pasó por aquí temprano y me saludó con mucho cariño, es que creo que vino a despedirse, y más cosas similares. Pero ¿Qué es lo que lloramos cuando él o ella ya no están físicamente?

En muchos casos vemos a los hombres y a muy pocas mujeres (sin intención de discriminar) mantenerse erguidos ante la muerte de ese ser querido. Lo hacen en la mayoría de los casos para que nos los vean llorar, para que vean lo fuerte que son aunque por dentro se estén destrozados. Pero, seguro no lloran porque han entendido que un hombre o una mujer de carne y hueso, no es exactamente lo que uno conoce de ellos. Esas figuras materiales la reconocemos, que es distinto. Es para nosotros un referente.

Seguro no lloran por que hayan entendido que uno se enamora de la esencia, del ser y lo calificamos como virtud o calidad de gente. Así, como cuando uno cree en un Dios, en una divinidad, no nos importa la forma física, se cree en él sin verlo. Empiezas a conocerlo por las cosas que nos dicen que ha hecho o que ha dicho, que son atribuidas a ese Dios, y hacen que uno se identifique con esos hechos. Comenzamos a quererlo sin saber cómo es, y eso no nos importa. Damos nuestra fe en pensar que algún día estaremos frente a él, en ser su aliado en las cosas que habrá que hacer, lo imitamos tanto en sus acciones cómo en sus palabras. Intentamos seguir sus pasos para que nos acepte en su reino “aunque sea como el último de su siervo”.

Y si pensamos en lo mucho que creemos en un ser supremo ¿Por qué lloramos? Muchos creemos que hay o existe una fuerza que nos mueve a todos, otros, también significantes en números no creen en nada, solo en lo que ven. Lloramos cuando una persona allegada fallece y deja en nosotros un hondo pesar que lamentamos por un tiempo perentorio mientras nos acostumbramos a la ausencia de ese ser querido porque nuestras vidas continúan. ¿Será que no hemos aprendido en tantos millones de años de evolución a entender que no somos lo que se entierre en una fosa, o se incinera en un crematorio, o lo que sea que se haga con el cuerpo según su religión, costumbre o gusto? Repito la pregunta anterior ¿Qué es lo que lloramos o a quién lloramos?

Nos dicen que somos hecho a imagen y semejanza de un Dios (cualquiera sea su existencia cultural) pero no entendemos que sí somos su imagen y semejanza, entonces somos luz, energía, que somos una esencia o un ente, que lo físico no nos identifica pues la carne y la piel envejecen pero seguimos siendo los mismos, con más experiencia y más aprendizajes.

A pesar de saber todo esto, seguimos aferrados a lo material. Seguimos llorando la ausencia física de la persona, y no nos damos cuenta que esas famosas y repetitivas frases de “te recordaré siempre en mi mente y en mi corazón” o “mientras yo viva, vivirás en mi” son precisamente porque lo que sentimos de una persona amada es lo que nos atrae de su ser.

Aunque sé que son dolorosos esos momentos, más por lo que sentimos que por lo pensamos, debemos recordar que somos imagen y semejanzas al Dios que creemos. Pero como nos infunden la vida sólo de lo material como posesión preciada, incluyendo al hombre y a la mujer en términos de propiedad. Así mismo lo hacemos con el Dios, que lo asemejamos a nosotros y le damos la imagen según nuestra cultura y raza.

Cuando entendamos de una vez, que la vida es la que dejamos y no nos la llevamos… entonces dejaremos de llorar ante la muerte. 

viernes, 22 de julio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Final-Final)

La puerta de vidrio que da a la calle principal se abra automáticamente al medio detenerme frente a ella, salgo forzando las hojas de la puerta con la mirada puesta hacía los postes, pero la luz intensa del lobby de la recepción me impide ver con nitidez, me toma unos segundos enfocar las imágenes que están frente a mí.

Camino apresurado intentando dar unos pasos casi trotando sin dejar de mirar a los dos primeros postes que están cerca. Me detengo dando unos pasos de más y camino con más calma y miro, ahora desde la calle donde la visión es distinta a cuando estaba allá arriba en mi balcón.

Y ahí estaban, los dos seres que no sabía a ciencia cierta si se estaban abrazando o él la aprisionaba queriendo asfixiarla. Avancé hacía ellos poco a poco para saber bien que estaba sucediendo, y continúo dando pasos cortos casi imperceptibles, me acerco y la luz que pega del piso rebota con más luminosidad hacia ambas figuras. Ahora las veo con más claridad…

El viento helado corre entre mis manos y mis orejas comienzan a congelarse, y mientras comienzo a frotármelas con el calor que intento sacar de mi boca, escucho la voz triste: te estuve esperando todo el otoño y ahora que llegas debo despedirme en el poco tiempo que me queda…
.- Mi paso también será por poco tiempo, tú lo sabes.
.- Si, pero yo siempre espero tu llegada para despedirme ya que no puedo irme sin verte antes…
.- Jamás me he acostumbrado a estos encuentros fugaces.
.-  No podemos hacer más…
.- La maldición de nuestro amor no la romperemos jamás, pero siempre vendré unos días antes que te marchas para luego quedar en solitario.
.- Abrázame fríamente con el calor de tu amor…
.- Te amo aunque me sientas frío, te amo aunque nos volvamos distantes, pero estos pocos días son suficiente para soportar el tiempo en que vuelva a verte.
.- El viento ya viene por mí, tu llegada le avisa que debe pasar a buscarme… ¿Nos veremos en la próxima temporada?
.- Seguro, y vendré ansioso como siempre…

Mis lágrimas querían brotar para correr por mis mejillas, al escuchar este dialogo, y cuando pensé en dejarlos solos sopló un viento algo fuerte y en ese momento la pareja se besó tiernamente mientras la brisa levantaba a la mujer que se desvanecía confundiéndose con el frío.


El hombre se quedó cabizbajo recostado del poste. Miré su tristeza al quedarse solo, sentí pena. Metí las manos en mis bolsillos para irme de nuevo a mi apartamento y al dar los primeros pasos comenzó a caer las primeras y pequeñas estrellas de nieve… ha llegado el invierno.

viernes, 15 de julio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte casi Final)

Desaparece la ciudad ante una nube de espesa niebla. Abajo aunque no puedo verla, la ciudad se siente en calma como si uno estuviese en el cielo y fingiera ser el Dios del Olimpo. De nuevo una suave brisa helada hace correr con armonía a la neblina que pasea en mi balcón y  logro ver otra vez la ciudad, logro ver esta calle clarioscura que me infunde tanto miedo.

Comienzo a buscar entre las luces caídas a los pies de los postes y observo que los tacones de los zapatos rojos de la mujer de caminar revelador están juntos a la extraña figura. Pensé que seguro estaba en peligro, que la atracaban en ese momento y por eso estaba detenida junto a él, que podría matarla y nadie lo detendría. La mujer echa unos pasos hacia atrás y regresa a él como si la hubiese halado por los brazos. Pero ella no emite ningún ruido, ¿por qué no grita? Alguien puede ir en su auxilio. Yo tendría un motivo para bajar en su auxilio aunque el miedo me pida que me quede.  

La poca luz no deja ver más que sus zapatos, mi desespero aumenta al pensar que se cometerá un crimen antes mis ojos ¡Dios porqué me habré asomado a este balcón en la noche de hoy! Si sé que mis temores me abrigarían en un clima como este.

Mientras pensaba todo eso estaba abriendo la puerta de mi apartamento, no sé qué momento llegué allí. Un impulso me guiaba por las escaleras hacia abajo, ni tiempo a pensar que podía tomar el ascensor para llegar a planta baja. Mis pies casi rozaban las esquinas de los escalones que tenían un orillo de aluminio plateado. Mis dedos pasaban firme pero suavemente entre los barrotes del pasamano, un intento de sujetarme para frenar mi andar me quisquillaba en la mano pero seguía bajando sin detener el ritmo.


Mi corazón latía con más fuerza, me quería sentir un superhéroe para darme ánimo pero faltando poco para salir a la recepción ya no me sentía tan héroe y menos súper. Pasé por la puerta de emergencia con ímpetu de valentía y camino a pasos agigantados hacía la puerta principal. Un vistazo de reojo me indica que el joven de la recepción ni se inmuta al verme pasar, ya debe de estar acostumbrado a ver pasar a gente con tanta prisa.

Continúa...

Henry Martínez.-

viernes, 8 de julio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte IV)

Ese peligro que siempre nos acompaña desde que nacemos y que nunca dejamos de tenerle miedo. Jamás aprendemos a convivir con él, jamás sabemos cuándo se nos pone de frente, nos reta y juega con nuestras habilidades sin previo aviso.

Quizás por eso nos hartamos de él, quizás por eso la mujer de caminar revelador va directo a la sombra que veo desde mi balcón, va directo hacia los pies que sólo la luz ilumina sin atreverse a subir para descubrir su rostro. Intento voltear por un momento hacia otro lado pero mi mente aún continúa siguiendo los pasos de la mujer que camina como dice la canción "Perla Negra" de Yordano "... de pinto a miseria, sin mirar atrás"

Intenté entrar al apartamento con la excusa del frío de la noche, caminé hacía la nevera para tomar un vaso con agua pero enseguida volví al balcón como de manera automática aunque mi pensar era ir a la cama. Y en vez de eso apuré el paso para ver si podía llegar antes que la mujer se topara con no sé quién, que se ocultaba a la media sombra que dan los postes, impávido, inmutable. El trago de agua pasa lentamente por mi garganta. Parecía espeso, pero es por el suspenso al irme acercando a las rejas del balcón.

Al estar cerca de la reja que soporta mi peso al inclinarme, mi deseo era no ver a nadie abajo, deseaba que la mujer ya hubiese pasado o que los pies de zapatos negros estridentemente pulidos no estuvieran iluminados por esa luz fría del poste.

Me inclino hacia la calle con la esperanza de no ver a nadie, tanto porque mi mente juega con las supuestas intenciones entre las otras personas de manera especulativa, tanto como ese deseo de todo ser humano de saber qué pasó y con lo que posiblemente no tendría una respuesta fiable. En este caso, el de la mujer que se acerca a esa imagen que para mí era espectral.

Miro, y calle abajo no se ve nada. Volteo calle arriba y tampoco veo nada, y a lo lejos se asoma la bruma entre hollín y niebla que da un aspecto gris oscuro que sube y se acerca haciendo casi imposible la visibilidad.


La calle se desaparecía levemente ante mis ojos al punto de que la neblina estaba a la altura del mi balcón invitándome a caminar sobre ella.

Continuará...

Henry Martínez.-


viernes, 24 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte III)


Me sorprendí a mi mismo mirando al vacío desde el balcón, y en medio de ese recuerdo de mi infancia volví a sentir la brisa que congelaba toda la ciudad haciendo de la soledad en las calles un lugar nada agradable. La calzada del edificio se tiñe de grises, color tristeza y miedo.

Miro nuevamente a los sitios donde las luces de los faroles me dejan divisar. Con asombro, dos postes mas allá de donde estaba esa figura oscura me parece ver algo parecido, unos zapatos se asoman  entre la opaca luz que no deja ver mas. Una mujer pasa dejando ver su cuerpo de forma intermitente entre los espacios iluminados y que se pierde su andar en la oscuridad. Cada vez mas cerca, no tengo la manera de avisarle que alguien está en su camino. Pienso en bajar pero de igual forma no llegaría a tiempo a lo que supongo que ella va directo al peligro. Pero continúa...y luego pienso que puede ser la persona que está esperando.

Continuará...

Henry Martínez.-   

viernes, 17 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA (Parte II)

Seguí observando para descubrir a esa persona que con misterio intenta mantenerse en el anonimato. Nadie se le acerca, pareciera que no lo miran, se mantiene oculto  como esperando a alguien pero nadie llega. En medio de mi antojosa curiosidad miro hacia mi derecha por un instante para observar si alguien venía por ese sendero y buscando agudizo mi visión no observo nada, solo el pasar de la helada brisa que baila junto a la neblina queriendo apagar los faroles cuales velas que alumbran la habitación de un niño temeroso. A pesar de imaginarme esa figura espectral, mantengo mi mente en esa silueta que todavía no logro descubrir su fisionomía.

Al voltear de nuevo mi mirada no consigo a nadie y  surgen preguntas en mi cabeza…. ¿Se habrá marchado con la persona esperada? ¿Se habrá cansado de esperar y se fue? ¿Se habrá literalmente esfumado…? Aunque me interesaba no le di tampoco mayor importancia pues en medio de que comenzaba la noche, los escalofríos y las malas vibras estaban dándome  mal presagio.


Este clima me hizo recordar que cuando niño me animaba a pensar en cosas divertidas que me habían sucedido durante el día o en días anteriores para no temer acostarme solo en la habitación, porque mis hermanos mayores con quienes la compartía se acostaban más tarde, pues ellos se quedaban viendo películas en la televisión con sus imágenes en blanco y negro y sus tonalidades en variantes grises. Y algunas veces eran esas películas de terror con sus efectos especiales de la época de los años 50´ y 60´ pero que en medio de mi infancia, el miedo infundado y la inocencia de creer todo lo que te dicen, me causaban un pavor horrible esas repetitivas películas. La luz del bombillo de 45 voltios que se emitía desde la sala se colaba entre la cortina que hacía de puerta en la habitación, cosa que era peor que cuando se iba la luz del barrio y todo quedaba en penumbra.

Cerraba los ojos al mismo tiempo que me arropaba con la sábana, pero instintivamente se habrían poco a poco y comenzaba mi periplo por cada espacio de la habitación. Veía en la pared sombra con figuras tétricas que se movían parecidas a Frankenstein queriendo acercarse a la cama, un cuadro con un dibujo comenzaba a aparecerse a Drácula saliendo del mismo recorriendo el cuadro de punta a punta. Los ruidos que debajo de la cama se escuchaban, era de la mano pelúa que se paseando sonando sus dedos de un lado a otro con desespero esperando el momento oportuno para salir en lo que me durmiera. Un tic-tac desde la sala se escuchaba con insistencia para agonizar mas mi desespero. De pronto escuchaba un RAAAZ! y me tapaba la cara sin dejar de mirar a través de la sábana esperando la mano de una bruja, de las que se comentaba salían en la noche cuando todos estábamos durmiendo y se posaban en el techo y sus pisadas nos despertaban con un brinco seco.

Al final descubría que el sonido era el de la cortina que rozaba con el tubo que la sostenía con un clavo en cada punta pegado a la pared, y mis hermanos entrando a la habitación riendo. Al ver que aun estaba despierto me decían..."tas asustao, tienes miedo y eso que todavía falta el aullido del hombre lobo por que hoy es luna llena" yo pensaba que mi vida se acababa esa noche y mi mamá no estaba para salvarme...

Continuará...

Henry Martínez.- 

viernes, 10 de junio de 2016

EN LA BÚSQUEDA

La ciudad se torna gris con el paso de las horas, y por el balcón del apartamento veo como la gente camina tocándose sin sentirse, comunicándose con personas tan distantes sin tomar en cuenta del que está al frente. veo como los edificios despiden al sol con indiferencia, y ante la prominente oscuridad las múltiples miradas arrojadas en la calle continúan observándose en el vacío de sus almas pero al mismo tiempo acostumbrando sus ojos a la tenue luz de algunos faroles que con esfuerzo intentan ganarle espacio a la penumbra que se avecina sobre sus cabezas en medio del bullicio de las aceras.

Observo desde mi balcón como se va perdiendo la esencia de la fe en el otro por que cada no va a lo suyo, está en lo suyo, no hay pasión por el cumplimiento, por la ayuda, por el amor. Observo rostros de desgano hasta con los más cercanos. De gente qué sintiéndose menos miran a otros con desprecio.

Sigo mirando, veo a algunos que aunque estén sentados se le va pasando sus vidas, sus días y sus sueños que ya cogieron otros rumbos...y otros que van pasando están dejando atrás sus vidas arrastrados por el deseo de los logros no alcanzados.

Miro por encima de mí y siento que nada cae del cielo. Sólo un bruma que entristece el espíritu de los seres, baja sin discriminar a nadie y los hace caminar apesadumbrados...limbo es su camino y trágico su padecer. Ademas de estar pensando en una idea que está acompañada de la fatalidad de su fracaso, un hombre camina lastrando sus penas y a su desdeñado perro que alza la mirada agónica para encontrarse con la misma expresión en la mirada de su dueño.

Y en mi continuo paseo visual por esta ciudad plagada expectativas góticas pero de una realidad trágica, surge del medio de los colores opacos del asfalto y la acera una figura que cubre su aspecto entre la sombra de la noche y la poca luz de un poste...

Continuará...

Henry Martínez.-

sábado, 4 de junio de 2016

EL CANTO DE LA NOCHE

Es de noche: a esta hora hablan mas fuertes todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial.
Es de noche: sólo a esta hora despiertan las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de los amantes.
Hay en mí algo insatisfecho, algo insaciable, que quiere hablar. Hay en mí un ansia de amor, que habla así mismo el lenguaje de amor.
Luz soy: ¡hay si fuera noche! Mas ésa es mi soledad, estar circundado de luz.
¡Ay, si fuera yo noche y oscuridad! ¡Como iba a sorber de los pechos de la luz!
¡Aun a vosotras os bendeciría, pequeñas estrellas centelleantes, luciérnagas del cielo! Vuestros regalos de luz me darían la dicha.
Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí las llamas que de mi brotan.
Desconozco la felicidad de quien recibe: con frecuencia he soñado que el robar debe ser mas deleitoso que el aceptar.
En eso está mi pobreza: mi mano nunca descansa de dar. Esta es mi envidia: ver ojos que aguardan con avidez y noches en vela de anhelo.
¡Malaventurados los que dais! ¡Oh, eclipses de mi sol! ¡Oh, anhelo de anhelar! ¡Oh, hambre devoradora dentro de mi hartura!
Ellos toman de mí. Pero ¿toco yo siquiera su alma? Entre el dar y aceptar media un abismo: el abismo mas pequeño es el mas difícil de salvar.
De mi belleza brota un hambre: yo quisiera dañar a aquellos a quienes ilumino, y robar a aquellos a quienes colmo de regalos. ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Retirar mi mano cuando ya otra se ha extendido hacia ella, vacilar como la cascada antes de despeñarse.- ¡Tanta es mi hambre de maldad!
Tal venganza imagina mi plenitud, tal maldad incuba mi maldad.
¡Mi gozo de dar murió, a fuerza de dar! ¡Mi virtud se cansó de sí misma por su misma exuberancia!
Quien siempre regala, está expuesto hasta perder el pudor: a quien siempre distribuye, la mano y el corazón se le encallece de tanto repartir.
Mis ojos no se inundan ya de lágrimas ante la vergüenza de los que piden: mi mano se ha endurecido, ya no sienten el temblor de las manos llenas.
¿Adonde fueron las lágrimas de mis ojos y la gala de mi corazón? ¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!
Muchos soles giran en los espacios vacíos: a todo lo que es oscuro le hablan con su luz contra lo que brillan - para mí, callan.
¡Ay, así es la enemistad de la luz contra lo que brillan: despiadada sigue su camino!
Injusto en lo más hondo de su corazón contra cuanto brilla, frío con los soles: así caminan todos los soles.
Semejantes a huracanes, vuelan los soles por sus órbitas. Siguen en su voluntad inexorables: ésa es su frialdad.
¡Ay, solamente vosotros, los oscuros y nocturnos, extraéis calor de los que brillan, solamente vosotros bebéis la leche y consuelo de las ubres de la luz.
¡Ay, hielo me rodea, hielo abraza mi mano! ¡Ay, en mí hay sed, que desfallece por vuestra sed!
Es de noche: ¡Ay, que yo tenga que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. - Hablar es lo que deseo.
Es de noche: a esta hora hablan mas fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina.
Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.

Así habló Zarathustra.

Extracto del libro:
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (1883), de Friedrich Nietzsche (1844-1900), página 96-97 de la editorial La Oveja Negra, 1984.  

viernes, 13 de mayo de 2016

NOCTALGIA (Parte Final)

Miro a mi alrededor y observo cada objeto que se encuentra en ella, hasta donde la claridad alcanza a iluminar. La ventana deja ver en el exterior un paisaje hermoso que jamás me había dado cuenta que estaba ahí. Observo también con luz tenue el pequeño estante que está dentro de la habitación con unos libros desordenados en los entrepaños, un jarrón con unas flores secas, el reloj de luz incandescente ya no brillaba tanto y en la mesa están unas hojas con algunos garabatos escritos en perfectos desorden y otros tantos estaban en el suelo ya dándole la luz del sol.

Cerca de la mesa está la cama con las sábanas sin orden alguno, la sábana estaba tirando hacia el suelo como si alguien hubiese dormido allí y no pude haber sido yo pues llevo varios días despierto. Junto a la cama, la mesita de noche con la gaveta y las puestas abiertas. Al ver esto  entró en mí un sobresalto que se me erizó toda la piel, pensé de inmediato que algo malo habría pasado, un ladrón seguro entró, ese fue mi primer pensamiento pero al instante reacciono preguntándome en qué momento si siempre he estado aquí. La claridad de la mañana ya entraba en casi toda la habitación dando su luz con el pie de la cama. Y mis ojos se abren como persianas al ver en el suelo una mano que se aclaraba su imagen al iluminarse el espacio. No podía dejar de seguir con la vista lo que continuaba, un brazo y un torso y luego logré ver un cuerpo completo tirado en el suelo. Las facciones de su rostro me eran conocidas.

Di traspiés hacia atrás, con el susto más grande de mi vida, tropecé con la mesa lanzándola en el suelo y con el volaron los papeles que estaban encima. Mientras caía al suelo vi caer en cámara lenta esos papeles como las hojas secas de otoño que caen tumbadas por el viento helado del norte. Me arrastré tan rápido como pude a la esquina de la habitación en que aún no dada mucho el sol. El susto no pasaba todavía, venían a mi pensamientos de ¿Quién era? ¿Estará muerto? ¿Quién lo mató o de que murió? ¿Porque estaba ahí?
Mientras aguardaba en la esquina prendado del miedo, el sol seguí su avance y aunque no quería mirar más ni descubrir quién era esa persona tirada en el suelo de mi cuarto no podía dejar de hacerlo. Miré con más asombro aún al notar que la mesa que pensé que había tirado estaba de pie con sus hojas de papel encima. Cerré los ojos y apreté las manos y sentí un crujir entre ellas, abrí las manos y tenía una hoja de papel que arrastré conmigo al colocarme en ese reducto espacio que me acobijaba como los brazos protectores de una madre.

Tomé el papel con ambas manos y empecé a desdoblar su corrugada estructura, estaba escrito algo que se fue develando como una cortina ante mis ojos, y con mucho asombro pude leer “Que nadie sea acusado de mi muerte” más abajo estaba escrito de forma temblorosa “Sam…”

Me levante de mi sitio seguro pues el miedo se había ido y camine con mucha calma hacia la mesa de escribir, y recordando al fin  lo que tenía en mente por hacer tomé el lapicero y la hoja de papel y escribí “descubrir la vida es encontrar la muerte…voy tras los pasos de mi amor” y más abajo coloqué con mano firme “Sam…”


FIN. -

Henry Martínez.-

sábado, 7 de mayo de 2016

NOCTALGIA (Parte IV)


Me detuve a pensar cuando fue la última vez que pude descansar, y mi memoria comenzó de nuevo a dar vueltas pero de inmediato alcancé a toparme con algunos pensamientos poco claros pero que al mismo tiempo daban luces de algo de lo que ya había vivido.

Pasaba por mi mente como una película de mis ilusiones con una chica muy guapa, agradable y sonriente, delicada como un manjar de ricas frutas, con piel tan tersa como un manto de seda en las suaves manos de un bebé. Recordé que me amaba con locura y que se prendía a mis brazos con tanta pasión como las amapolas abrasan al sol en las mañanas y danzan con el pasar de las horas juntos sin quitarse la vista una del otro. Así recordaba a esa chica que pasó fugazmente por mis pensamientos. Luego y sin saber por qué, estaba solo, lleno de angustias y sobre saltos, desesperado y deprimido, llorando como si algo se hubiese separado de mí, sentía mi alma partida en pedazos y no daba la razón del porqué. Continuaba recordando con mucho esfuerzo. Me veía llorando en mi cama, sentado en la orilla con las manos tapando mi cara, con pensamientos insanos sobre mi vida…pero una neblina comienza a toparse entre lo que observo y hace huir esos recuerdos.

Me decido a hacer un posible último esfuerzo y empiezo a dar manotazos para que se disperse la neblina pero ya no veo nada, ya no me veo en la habitación e intento buscarme para permanecer en esto que estoy recordando. Busco y busco pero nada, y en medio de todo se reinicia mi desespero y mi fatiga, todo se revuelve y comienza una vez más a dar vueltas. Recuerdo en respirar profundo como lo hice la última vez para que se tranquilice mi entorno, y cuando exhalo abro los ojos lentamente para darme cuenta que nunca los había cerrado. Al parecer estuve de pie frente a la ventana todo este tiempo, y observo que los primeros rayos de sol despuntas entre las montañas y los sonidos de las aves se escuchan con alegrías de cantos de glorias. La luz del amanecer pasan entre los vidrios de la ventana iluminando mi silueta, besa el piso y sigue suavemente arrastrándose con sigilo por cada palmo de la madera del suelo mientras mi mirada lo persigue como esperando descubrir algo.

Ya la luz del sol topa con las patas de la mesa y me hace recordar que no he escrito nada, sube entre ellas y baña el fondo debajo de la tabla de la mesa, y me recuerda que sigo sin escribir nada. 
  

La luz del astro rey continua avanzando poco a poco queriendo iluminar toda la habitación, un aro de  claridad topa con mis pies pero inmutable sigue su andar. No siento el calor de este nuevo día, y mi visión parece esfumarse, por lo que doy unos pasos hacia atrás que parecen interminables pues no me tropiezo con nada como si la habitación estuviese vacía.
Continua...

Henry Martínez.-

sábado, 30 de abril de 2016

NOCTALGIA (Parte III)

Al darme cuenta que la ventana estaba cerrada, intenté precipitar mis pensamiento en saber de dónde provenía esa corriente de aire, que aunque era suave debe estar colándose por algún espacio de las paredes de madera, mi preocupación ahora se centraba en que si la estructura de la casa estaba cediendo por alguna razón y había hecho grietas cerca de los marcos de la ventana que tenía frente al escritorio.
Empujé hacia atrás la silla donde estaba sentado para acercarme a la ventana a verificar si tenía grietas, acerqué mi rostro al marco y pasé de arriba abajo mí mejilla y no sentí ni una pizca de viento. Me alejé dando pasos cortos y lentos  sin dejar de observar todo el marco de la ventana. Posé la mano sobre la mesa tanteando para encontrar el lapicero sin quitar la vista de la ventana, mis pensamiento estaban tratando de razonar en un entorno que ahora de tanto pensar se me hacía extraño, no quería pensar de momento en mi locura pues aun mis dedos seguían buscando el lapicero que se seguro ya lo había tropezado varias veces sin darme cuenta.
Intenté sentarme de nuevo pero tampoco alcanzaba la silla, di unos traspiés que casi me caigo pero logré sobre ponerme e intenté mantenerme en calma. Una noción de neblina se coloca ante mis ojos y el temor logra tomarme por asalto. Respiro lo más profundo que puedo y cierro los ojos para intentar entender que está pasando. Intento calmarme una vez más, pero el revolotear de mis pensamientos me confunde en lo que me debo y quiero hacer. Pienso en salir de esta habitación y mis piernas no obedecen a mis instintos para escapar de este espacio. 
Trato de recordar mi pasado y lo que he hecho hasta el presente por el temor de olvidar quien soy, y lo que consigo es un ir y venir de cosas que a veces no reconozco pero que si están en mi pensamiento, o mente o que se yo lo que eso sea donde esté deben significar algo para mí  y mi existencia en lo vivido.
Luego que todo me dio vueltas a mi alrededor como un torbellino, la habitación entró en calma, creí por un momento que todo estaría desordenado pero solo atiné a ver el reloj de incandescencia roja que me indicaba que faltaban  cinco para las cuatro de la mañana…ya el sol está próximo a salir y yo todavía sin escribir ni dormir…

  
Continua...

Henry Martínez.-

viernes, 22 de abril de 2016

NOCTALGIA (Parte II)

Era un sonido inaudible, ¿pero como puedo escuchar algo que no se escucha? Aun siento que ese sonido viaja a mis espaldas, trato de no prestarle atención pero se me hace imposible, volteo para descifrarlo en la oscuridad y logro ver un espesor como de respiro. Respiro profundo y aumento la capacidad de ver pero al mismo tiempo el miedo se apodera de mi mente ante lo desconocido, recuerdo todas los cuentos de terror de cuando era niño y de todas las novelas de suspenso  que me he leído con entusiasmo, y mi susto comienza a ver cosas que intentan moverse de entre las paredes.
Vuelvo a suspirar para intentar calmarme y poner mi mente en blanco…y recuerdo en lo blanco que aún continúa la hoja de papel y sonrío, y con esa sonrisa me di cuenta que esa sensación no la tenía desde hace mucho tiempo, que había perdido la capacidad de sonreír por todos esos entorno de la vida que nos somete para vaciar nuestra alma y depositarla en un estercolero que nos hunde hasta el cuello y nos amarga la existencia. ¡Dios! Logro exclamar sin que el sonido se esparza por la habitación, y vuelvo en un intento más de escribir pero ya el  lapicero casi no lo siento entre mis dedos, debe ser por el frío de la noche pensé. Suelto el lapicero para frotarme las manos y darme un poco de calor cosa que al parecer no surte efecto y me inclino para poner mi cabeza sobre la mesa y comienza a darme vuelta de nuevo, esta vez sin tener muchos pensamiento en mi mente.
Me repongo en lo que creo es mi postura de escritor y miro el reloj que con su opaca incandescencia de color rojo me indica que ya son las dos de la madrugada. Como pasa el tiempo me dije, pero para mí no ha sido rápido ni lento el pasar de ese tiempo, me pareció normal porque ya me ha pasado en las noches anteriores a esta. Empiezo a sentir como una calma en mi interior que me indica que ahora si voy a comenzar a escribir y un dejo de alegría entra en mi ser, en mi esencia.

La postura de calma me hace respirar con una confianza de posible paz hasta que de seguro, mi angustia volverá a pasar por el inicio de mi escrito. Un soplido pasa por mis oídos que me hiela la sangre, miro hacia la ventana y a parte de la oscuridad del exterior de mi hogar me doy cuenta de que la ventana está cerrada y se cierne en mí una serie de dudas que razonables o no siguen siendo dudas…
Continua...
Henry Martínez.-

viernes, 15 de abril de 2016

ENCONTRAR LO QUE NUNCA SE HA PERDIDO (Parte FINAL)

Él se quedó ensimismado, recordó tantas cosas en aquel momento, recordó cosas de su infancia, de su juventud rebelde, de amigos y novias, de familiares vivos y muertos. Su cara era un poema, era una oda al recuerdo. Recordó triunfos y fracasos, recordó quien era, de donde venia y hacia donde iba. Después de todo lo que tenía, volvía a encontrar sentido a su vida. Ahora sentía que una paz interna recorría todo su cuerpo, cayó de rodilla y comenzó a sollozar, su alegría era inmensa pues ahora sabía a quien buscaba y por qué. Sabía a donde ir comprendiendo que existe alguna razón. Levanto una vez más la cara al cielo y respiró el aire puro del bosque, se sentía el aroma de la tierra, vió con detenimiento desde las criaturas mas diminutas hasta los grandes árboles por encima de él….y comprendió la vida.
Se levantó con entusiasmo y mirando al frente, vio que aquella brillante luz se estaba haciendo traslucida ¿Qué te está pasando? —Preguntó-- ¿te perderé de nuevo?
--No,--respondió la luz ya mas traslucida—ni tu ni nadie me ha perdido jamás, solo que a veces me hacen a un lado por temor a seguir creyendo. Solo se hacen daño porque la realidad es y siempre será una, aunque sea vista de diferente manera, y el destino es laborable y duradero siempre y cuanto me tengas presente.
--Te aseguro que eso haré siempre.
--Ahora sí puedes irte…y recuerda que estaré ahí cuando me necesites.
Se volteó decidido a comenzar a bajar la montaña lleno de una nueva energía y vitalidad que había sentido en sus primeros años de lucha y qué esta vez no la dejaría ir. La brisa era fresca y la luz del sol estaba ya más bajo camino hacia el horizonte. Las hojarascas volvían a crujir con los dos primeros pasos. Se detuvo de nuevo y en su rostro se dibujo una sonrisa. La brisa seguía su rumbo y se sentía que giraba entre los arboles como doncellas traviesas y libres, que se esconden y disfrutan del juego como nosotros cuando éramos niños. Se volteó y miró la luz, y sin vacilar le preguntó:
--¿me puedes decir tu nombre?
--Y la luz respondió—ESPERANZA…,--y continuo desapareciendo hasta que solo se veía el bosque, nuevamente se escucharon todos los sonidos del lugar, llenando de alegría su corazón. Él sonrió otra vez y acentuando con la cabeza mientras giraba para empezar a bajar, se dijo en voz baja “Lo sabía, solo quería escucharte una vez más”.

Y bajando, estaba ahora seguro  que volvería a disfrutar la vida, que vivirá cada segundo con toda intensidad, que gritará a los cuatros vientos que es feliz deseando compartir su felicidad con el mundo, que llevaría la buena noticia que todo no está perdido y que nunca lo ha estado, que él al igual que muchos en estas tierras, son hombres y mujeres llenos de esperanza y que por ello, esta es una vida pujante de futuro...pues encontró lo que nunca se le había perdido
FIN.
Henry Martínez.-